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La hija, de Sergio del Molino (y sus palabras sobre el arte y la literatura)


El quinto libro que leo del escritor español Sergio del Molino se titula La hija, apareció a comienzos de 2026 y es una novela. Bueno, no del todo. Es, eso sí, una obra brillante, muy instructiva, la mejor suya de las que yo he leído. Y ya es decir.

El libro tiene dos partes y podría ser hasta dos libros, casi, si no fuera porque se presenta como uno solo y porque esa integración de una parte con otra pasa por ser otro de sus hallazgos artísticos, literarios. Porque estamos ante una obra de arte (literario) que reflexiona por encima del todo sobre el arte. Aunque es mucho más que eso.

 

          “La vida es lo que distingue al artista del artesano”.

          “Las cosas de las que va el arte nunca son el arte mismo”.

 

La primera parte se titula, en uno de esos ejercicios metaliterarios que fueron vanguardistas pero que ya son clásicos, ‘Manuscrito encontrado de Juan Antonio Rascón. Escrito en París el 12 de julio de 1878’, donde se nos narra en primera persona una “historia de amor muerto” de la que el propio autor fue coprotagonista… junto a Rosario Weiss.


¿Quién es Rosario Weiss?
A eso se dedica La hija (ella es ‘la hija’) básicamente, a contarnos y, especialmente, a explicarnos quién fue esa mujer.

 

“¿Fue Rosario Weiss una víctima más de esta guerra civil permanente que es la vida pública de España? ¿Por qué cada vez que la refriega de lo mundano toca a una artista, la artista pierde y se quiebra? ¿Por qué no sucede al revés?”

 

Si por algo brilla a mi modo de ver La hija es por ser no ya un fresco del siglo XIX español sino, a su manera no historiográfica, un recorrido excelente por lo que aquella centuria fue en la España de aquel tiempo, pues Sergio del Molino, pese a su “tendencia natural a la digresión”, hace un gran trabajo (un enorme trabajo de introspección histórica, de lecturas, de conocimiento) para hacernos llegar lo que ocurría en una época crucial para el devenir de las gentes que pueblan lo que hoy es mi país.

 

“No eran tiempos sutiles, estábamos imponiendo la libertad a sablazos”.

 

Si la primera parte tenía todas las trazas de una novela, de una novela histórica, pero no de una novela histórica al uso, sino una novela histórica del máximo nivel, sin los clichés simplones de lo habitual, la segunda, titulada ‘Manuscrito encontrado de Sergio del Molino. Escrito en Zaragoza y Cedeira entre septiembre de 2024 y octubre de 2025’, es en sí misma una suerte de ensayo, de investigación manifiesta de cuanto se sabe, o se puede saber, respecto de la susodicha Rosario Weis, la pintora que fue, digámoslo ya, hija del excelso artista español Francisco de Goya. Goya, una presencia fascinante y carnal en todo el libro, alguien que “no sólo se anticipó al expresionismo del siglo XX, sino a la neurosis cultural del siglo XXI”. Pongo en cursiva lo de hija de Goya porque creo que si uno lee esta obra, por más que su autor se empeñe en considerar a Weiss como tal, no es algo que se sepa a ciencia cierta, al menos a la ciencia cierta con que los historiadores afirmamos las cosas que no dudamos sobre el pasado. Algo, lo de que sea o no hija biológica del pintor, que a mí me trae completamente al pairo, como me lo traía antes de leer esta maravilla, buena parte de lo que cuenta, de una manera literariamente estremecedora, divertida y a menudo sublime, Del Molino, quien admite que tal vez todas las páginas de su libro “no sean más que la verborrea enamorada de un iluso que llega con muchísimo retraso a salvar el honor de unas damiselas [Rosario y su madre, Leocadia Zorrila] que no le importan a nadie”, pero cuya grandeza es que no le necesitan ni a él ni a nadie.

 

“Yo seré un literato fabulador que plantea herejías historiográficas por el gusto de narrar y hacer leyendas, pero no hago trampas. La literatura y la especulación no son trampas. Tampoco las divagaciones. Negar la parte de la realidad que no gusta o que estropea una tesis planteada a priori sí lo es. Y por mucho que comprenda e incluso comparta el deseo de que Rosario Weiss sea estudiada sólo por ser Rosario Weiss, negar que su educación artística y afectiva se debe a Francisco de Goya es hacer trampas. Goya y Weiss no se pueden separar, y en el Museo del Prado lo saben”.

 

 

[…]

 


Como también vuela a una altura considerable lo que nos dice el autor sobre la llamada Quinta del Sordo donde Goya, la madre de Rosario y ella misma vivieron durante años:

 

“De alguna manera que se resiste a la exégesis más académica, aunque brilla en la poética, en la Quinta nació una forma de mirar y sentir el mundo insólita. En otras palabras: en aquella casa de labor a orillas del Manzanares nació el arte tal y como lo entendemos hoy, una expresión donde lo conceptual prevalece sobre el objeto. El cuadro ya no es un fin ni algo acabado ni tiene el propósito de imitar la naturaleza o proponer imágenes gratas a la mirada, sino un espejo o una puerta a los abismos de la mente y de la sociedad, una ventana abierta al interior mismo de quien observa. En las paredes de la Quinta, Goya abandonó la belleza y encontró la verdad”.

 

Y si de Goya y de Weiss hablamos, no se puede pasar por alto reflexionar sobre el retrato, algo que Del Molino (para quien le estilo es cada “repertorio de manías y defectos”) certifica así:

 

Un retrato es una forma de conocimiento de la otra persona, pero también un reconocimiento. El retratista cartografía la relación con el retratado, le otorga un lugar en su vida, se mide con él”.

 


La gran contradicción del libro reside en que su autor explica una y otra vez que “el gran arte se comunica sin mediación, sin libretos, sin cartelas, sin estudios preliminares, sin conferencias con diapositivas”, convirtiendo así La hija en un ejercicio inane que de nada sirve si uno quiere saber lo que se siente ante el arte pero el arte, el arte del que tanto nos habla, y tan bien, Del Molino, no le dice nada, no le conmueve, no le hace ser mejor ni estar mejor. Pero, ¿qué sería de la literatura si fuera una ciencia exacta? ¿Y qué sería del arte que es la literatura cuando la ejercen tipos como el autor del libro sobre el cual hablo? Es evidente que La hija no es, como se disculpa innecesariamente el autor, ni un trabajo académico ni se debe a las convenciones que obligan a los tratadistas. Es mucho más que eso. Es una obra de arte literario.

 

[…]

 

Conversé con Sergio del Molino después de disfrutar La hija. Cuando le pregunté si el libro es o no una novela, lo que me respondió fue lo siguiente:

 

“Para mí, sin duda. Me importan muy poco las discusiones taxonómicas, porque creo, además, que el trabajo del creador es generar problemas de clasificación y no facilitar los encasillamientos. Toda narración —también la historia— tiene por naturaleza una ambigüedad y una impureza que emana de la subjetividad del narrador, y la novela es el género que más al extremo lleva las contradicciones y paradojas que impiden definirlo de manera unívoca. Para mí, todo relato unitario que el lector percibe como consistente y lógico dentro de los parámetros que el texto define es una novela. Y La hija cumple ese único requisito. Pero vamos, si a alguien le ofende esto, que lo llame como quiera. No soy purista y me aburre mucho discutir con puristas, porque es chocarse contra un muro, no hay entendimiento posible. Y yo sólo discuto cuando hay una posibilidad, por mínima que sea, de sembrar la duda o de que me la siembren a mí. Nunca parece el caso en estos debates estéticos”.

 

Hablamos también sobre si es arte la literatura, y es que a mí me llama mucho la atención que no la solamos incluir, a ella, a la literatura, en el arte. Me interesaba mucho conocer lo que Del Molino piensa al respecto, dado además que La hija es un libro profundamente literario sobre el arte. Lo que le escuché decirme es que…

 

“La literatura es una de las artes, en tanto que usa un lenguaje y una gramática con fines artísticos. Lo que hago en este libro se llama técnicamente écfrasis, que es hacer textos literarios a partir de imágenes artísticas. Esto es algo muy distinto al análisis crítico o a la descripción museística. Si la literatura no es arte, no sé qué puede ser. Que alguien me explique por qué Velázquez es artista y Cervantes no, porque no lo entiendo”.

 

Velázquez, Gora, Cervantes y Del Molino: artistas.

Este texto pertenece a mi artículo ‘Leer a Sergio del Molino y conversar con él (sobre su novela La hija)’, publicado el 15 de abril de 2026 en Letras 21, que puedes leer completo ENESTE ENLACE.

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