La novela de la escritora española Sara Barquinero siguiente a la excepcional Los Escorpiones apareció dos años después que ésta, en 2026, y no he sido capaz de acabar de leerla. Se titula La chica más lista que conozco, me ha resultado insoportable en tanto que cúmulo incansable de acontecimientos vitales cotidianos que no dejaban en mí huella alguna ni disparaban el más mínimo interés. La culpa es quizás más mía que de la propia autora, a la que notaba yo encantada de recrear toda esa experiencia universitaria de su protagonista, seguramente un remedo significativo de ella misma. O no, qué más me da.
“La
inocencia nunca es consciente de que es inocente ni de las ventajas de serlo,
al igual que hubo un tiempo en el que Adán y Eva no podían imaginar otra cosa
que el tedioso paraíso. Solo le quedaba callar y lamentarse por aquello que
jamás recuperaría”.
No pretendo convencer a nadie de lo
inconveniente de leer La chica más lista que conozco, más bien al
contrario, reto a cualquiera que lo tuviera en mente a hacerlo. Seguramente
semejante narración de la vida universitaria de una estudiante, con todo lujo
de detalles cotidianos, casi minuto a minuto en mucho momentos, incansable, le
merezca la pena a alguien. Es más, estoy seguro de que tanta verborrea
crítica contra la institución donde seguramente la misma autora cursó en su
momento sus estudios superiores será del gusto de muchas personas que hayan
vivido situaciones similares o tengan una paciencia lectora por encima de
la mía. Ánimo.
“Pero
qué rápido lo extraordinario se vuelve cotidiano”.
La novela se divide en una serie de
partes compuestas a su vez cada una de hipótesis y demostraciones. La
primera hipótesis dice “En ausencia de capital cultural hereditario, el
deseo de ser alguien deviene necesariamente en vergüenza”. No, no es un
libro banal. Vaya por delante. Además de hipótesis y demostraciones, en el
libro hay una serie de ‘observaciones’, donde la autora se despacha a
gusto contra la facultad de Filosofía donde estudia durante la segunda década
de este siglo Alicia, la protagonista (que solamente puede ser, con cuantos
datos se aportan, sin mencionarla, la de la Universidad Complutense). Veamos,
por último, la segunda hipótesis de la novela:
“La
violencia institucional no se vale solo de injusticias, sino de la lentitud y
opacidad de sus procedimientos”.
Insisto, si te entusiasmó Los
Escorpiones no dejes de leer esta novela porque yo no haya sido capaz de
pasar de la mitad de sus páginas. Que no sea porque yo lo diga.

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