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2018, el año del final de ETA

Los historiadores Gaizka Fernández Soldevilla y Juan Francisco López Pérez publicaron en 2023 Allí dondese queman libros: la violencia política contra las librerías (1962-2018), donde se analizaron “los actos de violencia política clandestina de los que ha sido objeto el mundo del libro, más concretamente las librerías, desde 1962 a nuestros días”. En el volumen no podía faltar la actividad de los etarras.


El 3 de mayo de 2018, dos dirigentes de ETA leyeron el comunicado de despedida de la banda terrorista vasca: “ETA ha surgido de este pueblo y ahora se disuelve en ella”, decían.

En Allí donde se queman libros se nos explica que…

“Por descontado, la derrota operativa de la organización terrorista no significa que haya desaparecido su legado envenenado. Más de 300 casos de asesinato todavía sin resolver (alrededor del 40% del total), etarras aún huidos de la justicia, los actos de exaltación del terrorismo, la manipulación de la historia, el olvido selectivo, el sectarismo, la intolerancia, el miedo a hablar de política, la presión contra los miembros de las fuerzas de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y sus familias, los transterrados y el dolor de las víctimas”.

No olvidemos que “el discurso de odio del ultranacionalismo sigue presente en el País Vasco y Navarra”. Al fin y al cabo, “se trató del caldo de cultivo del que surgió el terror y podría volver a funcionar como tal; por suerte sabemos cuál es la mejor vacuna para prevenir la radicalización violenta: la cultura”.

Fernández Soldevilla y López Pérez nos recuerdan que durante la actividad terrorista y terrorífica de ETA cabe destacar “el coraje que demostraron muchos ciudadanos de a pie, comerciantes, funcionarios y representantes públicos”. Y que “junto a las movilizaciones pacíficas pacifistas y cívicas de un sector de la sociedad vasca y navarra, la labor de estos resistentes fue esencial para acabar con el terrorismo”. Sin olvidar, por supuesto, la otra clave: la actuación del Estado de derecho.

“Como sostiene Florencio Domínguez, el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), la Policía Nacional, la Guardia Civil y la Audiencia Nacional habían ido dejando sin opciones a la organización. Desde 2000 hasta 2011 fueron arrestados 1415 presuntos miembros o colaboradores de ETA, además entre 1999 y 2011, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad le incautaron 1545 armas de fuego, 811 granadas y 23.881 kg de explosivo”.

Para los autores de Allí donde se queman libros, “ese fue el auténtico desarme”.

A todo ello se sumó que “la debilidad de la banda se combinó con la Ley de Partidos, que dejó fuera de las instituciones a su brazo político”. Es a partir de entonces, y no antes, que “la izquierda abertzale empezó a ver a ETA como un obstáculo y a cuestionar su continuidad”.

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