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1990EspañaLos RodríguezArgentina1996


Andrés Calamaro Ariel Rot Julián Infante Germán Vilella Guillermo Martín Daniel Zamora

LosAbuelosdelaNadaArgentinaTequilaEspañaArgentinaCalamaroRotInfante…

[Lo de Calamaro es para darle de comer aparte. Me refiero a su repertorio, antes y después de Los Rodríguez. No a su controvertida personalidad destroyer reaccionaria. Que también.]

Palabras más, palabras menos

Para no olvidar todavía una canción de amor

Extraño

Mucho mejor

Una forma de vida diez años después

Todo es mentira tan solos

Pequeño salto mortal

Dulce condena sin documentos

Salud, dinero y amor

Siete segundos


En Mi rock perdido, Los Rodríguez cantaban, Calamaro cantaba (la letra y la música era de él, como a menudo, Rot también compuso algunas), que iban a intentar escribir el rock de los vicios, también el de los sacrificios, que iban (Andrés iba, iban todos) a perseguir cada palabra con aliento hasta que se les rindiera alguna, que intentarían decir la verdad aunque después, inmediatamente, mintiesen, que iban a perseguir a la canción perdida hasta que la suerte les pusiera ahí delante una. También cantaban que, al fin y al cabo, hay mucho rock de mujeres que nunca existieron, que hay rocanrol de leones pero también lo hay de corderos. Que no les gustan las canciones porque mientan, sino porque todo se resuelve en tres minutos, que las canciones “son soldados de un ejército invisible”, son “partes rotas de un espejo nunca roto”. Y nos decían a nosotros, a los que disfrutábamos sus canciones, que nos las dedicaban (nos hablaban a cada uno de nosotros: “Te dedico mis canciones”) porque sentimos, aunque nos recordaban que “la vida no está hecha de canciones, está hecha de pedazos de tormenta, está hecha de malditas sensaciones”. Y sí, las canciones de Los Rodríguez son pedazos de tormenta hechas de malditas sensaciones. Malditas sensaciones maravillosas. La grandeza del rocanrol inyectado en la música del mundo. En las músicas del mundo.


 

Me estás atrapando otra vez

Mala suerte

Dispara a los ojos

Engánchate conmigo a mi enfermedad

Cien pájaros volando por la parte de atrás

Tormentas de arena

El canal 69 se mueve se mueve

Algo se está rompiendo especies que desaparecen cuando te has ido

La mirada del adiós buena suerte Adiós, amigos adiós con esta copa rota en el último trago aquí no podemos hacerlo el tiempo lo dirá hasta que el sueño venga

 

1991 - Buena suerte

1992 - Disco pirata (directo)

1993 - Sin documentos (donde estaba Mi rock perdido)

1995 - Palabras más, palabras menos

1996 - Hasta luego (recopilación. nuevas versiones, vivos, inéditos, demos)

 


El primer que se publicó sobre Los Rodríguez, titulado simplemente Los Rodríguez, apareció en 1996 (publicado por la editorial Midons), el mismo año de su disolución/desaparición/separación, y fue escrito por Luis de California. Seis años más tarde vio la luz Los Rodríguez desde la cocina (editado por Efe Eme), obra de Daniel Zamora. De 2020 es el tercero, Sol y sombra: biografía oral de Los Rodríguez (Bao Bilbao Ediciones), de Kike Turrón y Kike Babas. En tanto que el cuarto es Los Rodríguez. Sin documentos, publicado en 2023 por Sílex y escrito por los musicólogos Héctor Fouce y Fernán del Val (expertos respectivamente en semiótica y sociología).

Sobre este último, Eduardo Viñuela escribió, en 2024, en el número 28 de la revista de investigación musical Resonancias, publicada por la Pontificia Universidad Católica de Chile, que respondía a “una dinámica omnipresente en la evolución de las músicas populares urbanas en español, que no es otra que los constantes intercambios musicales entre España y Latinoamérica”. Los Rodríguez (tengamos siempre presente que las colaboraciones entre Andrés Calamaro y Ariel Rot en los años ochenta son los “antecedentes determinantes del sonido Rodríguez”) fueron, en efecto, un grupo de rock que puso “en diálogo estilos, géneros y prácticas musicales de ambos lados del Atlántico, y, sin dejar de adoptar algunas de las maneras más canónicas del rock, desafiaron las dinámicas del cosmopolitismo estético, porque lejos de adaptar al castellano las corrientes imperantes en el rock anglosajón, su música es una manifestación genuina, que resulta incomprensible sin entender el rock español y el argentino, el peso de la rumba y de la milonga o la prosa de cantautores urbanos, como Sabina y Moris, en ambas orillas”.

Todavía hoy encandila aquella “mezcla de pop, rock stoniano y músicas de raíz”. Y no es difícil reconocer “la influencia que Los Rodríguez han tenido en un cambio de rumbo dentro del rock español, en ese perder el complejo “a la hora de hacer guiños a diferentes estilos musicales”, cuando “la fidelidad al sonido rock ya no era un valor tan en alza y las fusiones que ellos habían normalizado permitían desarrollos estilísticos más eclécticos sin correr el peligro de perder autenticidad”.

Por su parte, hablando también del libro de Fouce y Del Val, el periodista musical español Carlos Pérez de Ziriza explicaba a finales de 2023 en la revista Mondo Sonoro que “la bicefalia compositiva del grupo, esencialmente argentina, no tuvo rubor en somatizar la rumba (¿qué otra cosa es la canción Sin documentos, tan sensacional como finalmente irritante por sobreexposición?), entre otros tropos hispanos ya demodé para quienes promulgaban otras estéticas (el indie lógicamente los ignoraba, pero hacen bien los autores en recordar a Seguridad Social, Rosario o Manolo Tena, que lo petaban con simbiosis similares), y fundirlos con modismos porteños que enlazaban con la tradición de Tequila y Moris. También con Gabinete Caligari (hay algo, o quizá mucho de ellos, en la pasión taurina de Calamaro) y de Sabina, a quien telonearon en aquella gira conjunta de 1996”.

Como ya escribí en mi anterior libro dedicado a la música (pop): Los Rodríguez… a quienes disfruté en septiembre de 1993 en un concierto memorable ofrecido en el coso madrileño de Las Ventas, que veintisiete años más tarde se publicó en cedé, vinilo y deuvedé.


Los Rodríguez se escribe con sangre. Parte del mundo actual que vive en el futuro. Como cadenas. Se quisieron como quisieron. Los quisimos como los queremos. Al final de cuentas, eso es lo que cuenta.

Comentarios

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