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De un tiempo raro

En 2020 comenzó la Gran Pandemia, hoy tan presente aún. Estos once poemas no lograrán inquietar a la muerte, al miedo. Solamente sirven para engañarnos, una vez más. Empezaron a ser escritos en alguno de los días de aquellos primeros meses de un año infecto.



Algunos virus

Satélite del amor, hermano del trueno…

Fuerzas de laberinto, dioses crueles y la paz madurada,

vida y temblor, una intimidad poética, rota,

las máquinas derrotadas, los números descifrados,

ahora volved a casa os dice el general exiliado:

una resistencia olvidada por los ignorantes,

orgullo y rareza, patrullas estrelladas,

todos los mitos están a la venta,

no hay refugio para los refugiados,

algunos virus saben detenerse sobre cada enunciado

y, mientras tanto, los sueños someten a las palabras,

emergen como una epidemia que únicamente

fuera el eco de un contagio antiguo,

anterior a las pantallas iluminadas por una enfermedad

llamada deseo. La enfermedad del conocimiento.

Tan a menudo las terapias esconden el agrio corazón

de una manzana.

 

Las vacunas

Sin embargo,

sin embargo los animales vivos,

sin embargo los cielos azules,

sin embargo los ríos antes del trauma,

sin embargo las columnas,

los buques y los aviones plateados,

sin embargo las vacunas,

las porterías de los estadios,

sin embargo las veces

que nos miramos a los ojos,

las noches de regresar desde la Luna,

las mañanas sin entierros,

las tardes acechándonos el alma,

sin embargo el pretérito perfecto,

sin embargo el futuro simple,

sin embargo el presente de indicativo,

sin embargo la dicha memorizada,

sin embargo el ansia sobre el deseo,

sin embargo el porvenir extranjero,

el pasado en el hoy, a su hora,

el instante azul en que decidiste amarme,

el vestido para el amanecer

donde la magia te puso para todo mi siempre.

 

Aquellos pequeños héroes

Desde la pequeña inmensidad de estas cinco o seis paredes para el ámbito,

estos techos de esperanza y los suelos a través de los que acudo,

el tiempo espera agazapado y atenuado,

el minúsculo mal terráqueo avanza a sus anchas de océano asesino,

mientras cada uno de nosotros, yo mismo, mi amor invicto,

aplaudimos la heroica presencia en pie, alerta, de unos mínimos dioses

aferrados a su magnífica esencia de humanísimos ángeles:

a los días les bastará restablecerse obedeciendo las leyes

de los libres, de los simples valientes; las leyes y la limpia caricia

del agua como un relámpago primitivo,

el destello con el que todo empezó.

 

Todo es esperanza

Todo se rompe. Todo nace.

Todo decae. Todo crece.

Todo es demasiado.

Tal vez sea cierto

Aquello de que

Lo único que hacemos

En la vida

Es esperar.

Todo es esperanza.

 

La pandemia

Seagotóelvuelo

Delapoesía

Ysuvapor

Enmedio

Delamuerteyelmiedo

Enmedio

Delosnúmeros

Yladistancia:

Seagotólabelleza

Durante

Lapandemia

Delasucis.

Tardeotemprano

Cesaríanlospoemas

Eracuestión

Detiempo

Eraunasunto

Entrelaspalabras

Ylaenfermedad:

Pudoconlastumbas

Lapoesía

Peropereció

Antelasaliba

Deunpangolín

Ylaalarma

Desmedida

Sinmedida

Nimedios.

Muchohabíadurado

Lapoesía

Nolaecharemos

Demenos

Nidemás:

Hablodelamía

Habrásevisto.

 

La muerte

Ahora que los muertos no se amontonan

en las cunetas de los hospitales víricos,

me atrevo a reanudar este acto infecto

al que los dueños de los versos odian

enfurruñados desde sus marfileñas, beodas,

satánicas, majestades:

ahora que ya vi en su muerte a mi padre

y que ha ido desapareciendo en mí

el absoluto respeto por la desdicha…

aunque el miedo al miedo no se me quita,

no puedo, no puede.

Ahora que el rey ha muerto y ya no es el rey puesto,

que el rey vivo tiene los días contados,

que nada volverá a ser como Antes,

ni Antes volverá a ser ya nada,

ahora que el ahora es más ahora que nunca,

me permito a mí mismo destaparme la boca,

encontrarme en el laberinto español,

descerrajarle un tiro al pasado,

regañarle con dientes de oro al futuro

y hablarle de tú a yo al presente

para decirle que dentro de mí

se ha quedado hasta mi muerte

lo que permanecía de mi padre en el mundo.

 

2020

Hay un espíritu de plata sobre el alba

mientras ella duerme a mi lado.

Una lucidez soñada antes del futuro

brilla y es en mí colmada esperanza.

No es necesario ningún silencio,

limpian el miedo las canciones

y todo conmueve desde que la amo.

Una densidad sin peso alguno

se hace geografía del tiempo en ella.

Hay en este convulso año de muerte

una respiración junto a mí que me salva. 

 

 

Covid

Si habitáramos otro planeta…

Covid finge estraperlo moderno sin penurias,

reduce el colesterol fumando en las almas,

Covid, sangre, sudor y ciencia:

eres Covid una mascarilla pegada al deseo,

un enorme agujero en la historia de la humanidad,

la vuelta al mundo de las patrias adormecidas,

el eslabón pedido al diablo por los sinsangre.

Covid que prohíbes la vida continental, humo,

Covid Madrid y tus exactas andanzas de hospital robado,

Covid con tus multitudes de vigilia y sueño,

tengo para mí que lo único que de ti nos librará

es olvidarnos de haberte imaginado

y regresar al siglo XX, a su olor a coñac y a sus auschwitces.

Si tuviéramos otra vida…

 

El viento enfermo

Ahora que ya los años que fueron, son un bosque

Y los que quedan son, serán un pequeño gran arbusto,

Ahora que los sueños sólo sirven para predecir el pasado

Y de mis esperanzas elijo la música que eres tú,

Ahora que el ahora es un ahora evanescente en su rotundidad

De imperfecto futuro atado a los días del viento enfermo,

Es ahora —que me siento en condiciones de rogarte

que todo cuanto contiene tu amor me sea dado

hasta el último instante en el que quien quiera

que gobierna esta insensatez llena de angustia y belleza

decida enviar lo que quede de mi alma a la eternidad—

Cuando vuelvo a repetirte para ese siempre donde te amo:

Gracias por iluminar todas las fronteras,

Por concederme cada instante de gloria cotidiana

Sobre los que vivirnos sin necesitar sentir

Lo que quiera que sea la felicidad. Gracias…

¡Y Aleluya!

 

El miedo a perder una vez más la vida

Aquella mirada deicida,

por el aire del son nos llegabas, mar:

tampoco miente la noche quieta,

se doblan todas las campanas si no redoblan,

se hacen estremecidas dalinianas trompetas,

lejos, muy lejos,

bajo la esfera del sueño en la mañana embravecida,

resplandeciente…

No podemos bailar mientras la muerte le otorga a la vida

solamente memoria,

no, no nos es posible;

nunca acabaremos de dibujar en las venas de las cavernas

la vida sin miedo,

el miedo a perder una vez más la vida.

 

Nuestro virus

Multitudes sueñan realidades como soles,

planetas ceñidos a la oscuridad de sus noches

y la santidad de un filósofo en la muerte…

El destino de la justicia, la paciencia precaria

de cada pequeño universo, de cada viaje solo de ida,

un camino sin más sonidos que la respiración de nuestro virus.

Nuestro virus, el carcelero de todo amor revolucionario,

el día y el ocaso de aquellos deseos mundiales

sin los que toda flecha yacerá en el corazón de la humanidad.


[arte de Óscar Seco]

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