Casa desolada, Relato de un náufrago, Desgracia y Limónov, más o menos por este orden, son los que más he disfrutado.
Ordesa es buenísima,
pero tanta madre agota. En fin, ¿qué le voy a contar a Manuel Vilas?
48 Charing Cross
road
es una delicia. La relación entre Helene Hanff y Frank Doel es divertida y
conmovedora.
La Bovary es una petarda desquiciante y desquiciada.
Me ha gustado contraponer su carácter con el de
Catherine Sloap de Whasington
square.
Meridiano de
sangre
es un buen libro que me ha recordado a malos libros, los que leía de Karl May
cuando era pequeña. Pero de pequeña me envolvían en aventuras de cabelleras
cortadas y horribles torturas que ahora, por muy bien escritas que estén, no me
dicen nada.
Con Muñoz Molina me ha vuelto a pasar. Disfruto con lo
que cuenta y con como lo cuenta en gran parte del relato pero tengo la sensación
de que se obliga a alargar las historias con ejercicios literarios coñazos e
insistentes para demostrar que es un buen escritor y para que sus novelas
pesen, en gramos y en bytes.
Lemaitre es inteligente y original. Lo era en Nos vemos allá arriba y también en las
que he leído este año.
El hombre de los
círculos azules es
una genialidad de personajes encantadores y excéntricos en un ambiente extraño.
La última de Kerr no me ha parecido muy buena pero
siento que ya no pueda escribir mas, aunque solo sea para decir que Bernie
Gunther no me gusta tanto como antes.
También son peores las de Le Carrè,
aunque siempre disfrutaré de cualquier cosa que hable de Smiley y ahí vuelve a
estar, en El legado delos espías.
Me ha defraudado Chicago.
No me ha gustado nada El asesino dentro de mi que me ha parecido una mala
repetición de 1200 almas.
Soldados de
Salamina
se me resistía por aquello de haber visto la peli pero cuando me dí cuenta de
que en realidad no me acordaba de nada, la leí. Lo mejor, Miralles y Conchi.
No me ha acabado de convencer Memento mori. Tiene algo pero le falta mucho. Sin embargo es la
primera novela de César Pérez Gellida y este año quiero leer la última. Tengo
la impresión de que puede haber mejorado bastante.
Este texto pertenece al post ‘Y este ha sido mi 2018’, del blog de Marga Barrio, que puedes leer
COMPLETO (no te lo pierdas completo, hazme caso) EN ESTE ENLACE.


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