Respiración artificial es la primera
novela del escritor argentino Ricardo Piglia. Publicada en 1980, es una
diletante reunión de meditaciones aparentemente conversadas por un grupo de
personajes que piden a gritos ser auténticos personajes de una novela y no las
voces de un ensayo en el que la narración se diluye en medio de una literatura
deliberadamente compleja. De esa que podríamos llamar Literaturaparaimpresionar.
Piglia ha querido escribir un libro de historia, un ensayo de
filosofía, un tratado de literatura y yo lo he leído como lo que creía que era:
una novela. ¿Es una novela Respiración
artificial? Lo es porque como tal se vende y, sin lugar a dudas, como tal
fue concebida y escrita y editada. Una novela cansina, magníficamente escrita,
repleta de abismos de esos que salvarlos dice mucho de su escritor. Y de sus
lectores. Yo he sido uno de ellos. Pero no te lo recomiendo. Como lo lees.
Si lo que quieres es una reflexión alambicada sobre la
literatura argentina y el pensamiento occidental del siglo XX o un libro de
Historia donde se explica (mal) el pasado del país de su autor y luego poder
decirles a tus amigos letraheridos Respiración
artificial es un must… entonces
sí. Entonces Respiración artificial
es tu novela. ¡¿A qué estás esperando¡?
Piglia se llamaba Ricardo Emilio Piglia Renzi, ese era su
nombre completo, y su habitual heterónimo era el muy metaliterario Emilio
Renzi. Pues bien, Rienzi aparece ya en esta novela, donde podemos leer frases
memorables como estas, textos molones de la muerte como estos:
“Solo
los que tienen dinero desprecian el dinero o lo confunden con los malos
sentimientos”.
“No
hay como estar en contacto con la juventud para aprender a envejecer”.
“Te
escribo porque los años me han fijado los recuerdos como un sarro y el pasado
se ha convertido para mí en un viejo tullido”.
“El
que no está a la altura de su deseo, ese es uno a quien el mundo puede llamar
un cobarde”.
“El
desterrado es el hombre utópico por excelencia, vive en la constante nostalgia
del futuro”.
“La
pasión es el único vínculo que tenemos con la verdad”.
“Lo
primero que pensamos siempre está mal, es un reflejo condicionado. [Ahí no
estoy en absoluto de acuerdo, por lo que sabemos, cada vez está más claro que
suele ser al revés: salvo en los idiotas, claro.] Hay que pensar en contra de
sí mismo y vivir en tercera persona”.
Uno de ellos, uno de los párrafos de esta novela
inteligentemente plúmbea, es una de las clásicas reflexiones sobre la
literatura que se hacen los grandes literatos en sus obras literarias, como el
que no quiere la cosa. Dice así:
“Sólo
es mío aquello cuya historia no he olvidado. Y pienso que al contarlo se
disuelve y se borra de mi recuerdo: porque todo lo que contamos, se pierde, se
aleja. Contar es entonces para mí un modo de borrar de los afluentes de mi
memoria aquello que quiero mantener alejado de mi cuerpo”.
“La parodia ha sustituido por completo a la historia, ¿O no
es la parodia la negación misma de la historia?” dice alguien en Respiración artificial, donde hay algo que
parece ser una profunda reflexión sobre lo que es el oficio de los
historiadores, algo que me hizo atender con especial deferencia sus páginas,
incluso cuando estaba a punto de dejar de leerlas. Páginas que recogen una cita
imbatible del gran historiador francés Jules Michelet, aquella frase suya que
dice que “cada época sueña la anterior”. Algo que finalmente no he sido capaz
de aprender, como cuando uno de sus personajes habla de la mirada histórica, que trata de definir así, o eso me pareció:
“Somos
una boya que ese río y hay que saber mirar lo que viene como si ya hubiera
pasado. Jamás habrá un Proust entre los historiadores y eso me alivia.”
Hay, sí, una extraordinaria lucidez cuando el Profesor, el de la mirada histórica, considera que “no hay
otra manera de ser lúcido que pensar desde la historia”, sólo la historia nos
hace posible soportar el presente, porque comprendemos que éste, el presente,
es un presente histórico: “porque
vemos cómo va a ser y en qué se va a convertir podemos soportar el presente”.
No obstante, y en conclusión, no he superado la prueba de
disfrutar con Respiración artificial.
Y mira que me estaba gustando leer a Piglia.


Comentarios
Publicar un comentario
Se eliminarán los comentarios maleducados o emitidos por personas con seudónimos que les oculten.