Malgastamos parte de nuestra vida en decirnos a los que ya lo sabemos que las mentiras que han engañado a tantos son eso, mentiras. Mentiras de irresponsables bañadas en el odio que los siglos no han sido capaces de barrer.
Imaginemos que yo pretendiera quedarme con algo que en mi comunidad de vecinos todos pensábamos que era de todos. ¿Todos? Bueno, mejor dicho, todos admitíamos en público para no estar todo el día a la gresca que era de todos. Sigamos imaginando: imaginemos que voy yo y me lo apropio, me lo quedo, lo meto en mi casa, lo hago mío, lo identifico como mío. ¿Mío? No, antes decido hacerlo mío, sin contar con la comunidad…
¿No sería razonable creer que todo lo que pase a partir de entonces es culpa mía, aunque antes de apropiarme yo de eso un vecino me mirara mal por la escalera y el presidente de la comunidad de vecinos me prohibiera sacar mi basura antes, exactamente como se lo prohíbe por normativa a los demás?
No sé. Yo creo que luego ya no sería significativo empezar a decir que qué mal gestiona el presidente de la comunidad de vecinos mi decisión, amparada en mi derecho a decidir lo que yo quiera poder decidir, ni que qué actitud más hostil la de otros de mis vecinos para conmigo y mi actitud egoísta e irresponsable. Creo que lo significativo sería SIEMPRE que yo decidí inventarme un derecho que no existe ni en la Ley de Propiedad Horizontal ni en el uso común de la gente común.

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