Conocer, explicar, comprender. Johann Gustav Droysen, historiador alemán del siglo XIX,
historicista él, consideraba que existen tres métodos para acceder al saber: de
un lado, el filosófico, que tiene como finalidad conocer; en segundo lugar, el método científico, cuyo propósito es explicar; y, por último, pero no menos
importante, el método histórico, la
disciplina histórica, cuyo objetivo es comprender,
es decir, entender las intenciones y
las motivaciones que tienen los comportamientos de los seres humanos.
Por su parte, la historiadora canadiense Margaret MacMillan nos habla de la comprensión y su oficio (un
oficio del que dice que “nos ayuda a definirnos y a identificarnos”):
“Usamos la Historia para comprendernos a nosotros mismos, y debemos usarla para comprender a los demás”.
Viene a decir MacMillan que cuando sabemos de alguien que ha
sufrido una desgracia, “ese conocimiento nos ayuda a evitar hacer daño […] Sin
conocer la historia de la esclavitud y la frecuente violencia que sufrían los
negros, no podemos empezar a captar siquiera la complejidad de la relación
entre las razas en Estados Unidos”. De hecho, a la pregunta ¿estaríamos
peor en el presente si no conociéramos nada de la historia? la
historiadora canadiense responde: sí.
Sí, estaríamos peor, creo yo también.
Este texto pertenece a mi artículo Los historiadores comprendemos para explicar: ni místicos ni cínicos, publicado el 11 de marzo de 2018 en Periodistas en Español, que puedes leer AQUÍ completo.

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