"Los hombres vais
con una pistola en cada mano", le suelta uno de los personajes (femeninos)
a uno de los personajes (masculinos) de la película de Cesc Gay titulada Una
pistola en cada mano.
Toma ya. Esta ¿comedia?
es algo más que una película para hacer reír, y de hecho no hace reír casi
nunca, aunque sí cuando se le pone en las narices al director y a los excelentes actores que hacen de esta
película una película singularmente divertida a la vez que consiguen convertir
la experiencia humana de la vida en pareja en algo dramáticamente atractivo.
Uno ve esta película, que
trata sobre todo de los hombres y su simpleza de hombres, y sabe mientras la
está viendo que es una película porque ha ido a ver una película, porque se ha
puesto a ver una película, pero en realidad lo que uno está haciendo es asistir
a las conversaciones torpes de las personas que habitan las ciudades donde uno
vive, llenas de la inseguridad de muchos de sus habitantes, ciudades donde los hombres y las mujeres se
aman y se dejan de amar, se entusiasman y se descorazonan, ciudades donde
la vida es ese azar incontenible lleno de causas insuficientes y consecuencias
irremediables.

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