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El viaje admirable de Malaspina


El 10 de septiembre de 1788, Alejandro Malaspina presentó al rey español Carlos III su plan de un viaje científico y político alrededor de los dominios de lo que se conocía en ocasiones como imperio español ―las posesiones coloniales hispanas en América y Asia―, que obtuvo el consentimiento regio el 14 de octubre. Más exactamente, el plan, que lo presentó conjuntamente con otro capitán de fragata, el santanderino José Bustamante y Guerra, se lo expuso al secretario de Marina del gobierno de Carlos III, Antonio de Valdés, amigo de Malaspina, que contó con la apreciada valoración y apoyo del jefe de la Junta Suprema de Estado y máximo responsable del gobierno, José Moñino, conde de Floridablanca. El plan se titulaba Plan de un viaje científico y político alrededor del mundo, pero, como veremos, no se llevaría a cabo como tal, ya que no habría circunnavegación.

La primera razón de que el monarca español consintiera, aconsejado por sus ministros, en dar el visto bueno a esta experiencia fue muy sencilla. Él mismo, como sus antecesores, estaba decidido a participar en una especie de carrera ya iniciada por británicos y franceses. Mejor dicho, estaba decidido no sólo a participar, sino a continuar. Esa carrera no era otra cosa que una búsqueda, amparada en las idas propias de la Ilustración, del mayor conjunto de conocimientos sobre el mundo, sólo al alcance en aquella época de las naves que surcaran los océanos y recorrieran las costas todavía ignotas. La propia España ya había llevado a cabo algunas de esas expediciones, de las que te hablaremos más adelante. 

El siglo XVIII fue un nuevo siglo de descubrimientos geográficos, una etapa vital en la historia de las exploraciones. Otra poderosa razón que convenció al rey Carlos III fue que el océano Pacífico acababa de dejar de ser un mar surcado casi únicamente por naves españolas. Ese mismo año de 1788, los británicos habían establecido en la recién descubierta Australia, un asentamiento permanente al que llamaron Sydney. En aquellos tiempos, además, y también en el océano Pacífico, crecía la competencia por el dominio de las costas del norte americano y se incrementó la búsqueda del paso que se creía debía unir a dicho gran mar con el Atlántico, acceso al cual los españoles llamaban paso de Ferrer Maldonado y al que más tarde se llamará paso del Noroeste, en definitiva, el mítico estrecho de Anián. Pero esto, que no estaba inicialmente previsto en el plan de Malaspina y de Bustamante, sería sugerido más adelante por el propio rey Carlos III. Por último, un nuevo motivo que añadir al convencimiento último del monarca español era buscar porqué el decreto que diez años antes había liberalizado el comercio de España con sus colonias no había surtido efecto y averiguar la causa de que la economía americana no creciera como se había previsto. 

En resumen, participar en la carrera de descubrimientos en que estaban embarcadas las potencias europeas, recuperar el dominio sobre el Pacífico y saber cómo mejorar el gobierno de las colonias americanas fueron las tres razones que motivaron el interés y el patrocinio de Carlos III a la que se conoció como expedición Malaspina, tres razones que podríamos reducir a una sola: la necesidad de recabar información de primera mano de todo el conjunto de territorios que conformaban lo que algunos llamaban imperio español. Por último, merece la pena que añadamos que el proyecto de Malaspina y Bustamante contó con la decidida ayuda de los mencionados miembros del gobierno regio Valdés y el conde de Floridablanca.

Sería la expedición científica española más importante de este periodo ilustrado. Hemos hablado de viaje político también porque además intentaba demostrar la necesidad de una reforma del sistema colonial español, proponiendo la transformación de las colonias en naciones libres bajo el control directo de la monarquía.

Los viajeros iban a estudiar la historia natural de una extensión vastísima de tierras y costas, pero también la geografía misma, haciendo mapas de cuantos lugares visitaran, o la salud de su comercio.




De mi biografía de Alejandro Malaspina (inédita)

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