Cuando vi la escena final de la película El planeta de los simios, protagonizada por el actor estadounidense Charlton Heston, en 1968, se me quedó grabada.
El astronauta George Taylor (Heston)
camina por un planeta desolado sin saber realmente dónde está. De pronto, se
encuentra con un trozo de la icónica Estatua de la Libertad semienterrada
en una playa. Es entonces cuando se da cuenta de que ese planeta bajo control
de simios es la Tierra. Su Tierra.
Frustrado y enfurecido, se postra en
el suelo y grita: “¡Maniacos, la habéis destrozado, volado por los aires! ¡Malditos,
malditos… iros al infierno!”.
Acaba de comprender que una guerra
nuclear acabó destruyendo la Tierra y maldice a los políticos que provocaron
el Armagedón.
Esa escena que tanto impacto me causó
en su momento es ahora más actual que nunca.
Ya en el reciente conflicto
Ucrania-OTAN contra Rusia el mundo estuvo cerca de una guerra nuclear. Y parece
que no tuvimos suficiente. Ahora hay otra guerra en Irán que potencialmente nos
pone otra vez cerca de una guerra nuclear.
El motivo es que si Israel ve
que podría perderla y se considera amenazado por las constantes andanadas de
misiles iraníes no es impensable que use armas nucleares. Tiene alrededor de
300.
Sin embargo, Irán tiene aliados poderosos como Rusia que dudo mucho permitiría un ataque semejante sin que haya consecuencias. Eso sin tener en cuenta que Irán podría fabricar rápidamente sus propias armas nucleares y si las usa contra Israel ya estaríamos ante una Tercera Guerra Mundial.
Y, como dijo Einstein, no sé cómo
será la Tercera Guerra Mundial, pero sí sé cómo será la Cuarta: a pedradas,
porque no quedará nada más en el mundo.
La escena de Charlton Heston es desgraciadamente posible en estos días en los que, además, el presidente estadounidense Donald Trump (acusado cada vez más a menudo de tener serios problemas mentales) amenaza al propio Irán con un holocausto peor que el que ya sufre Gaza, mientras el mundo no hace absolutamente nada.



Gracias por publicar este post. Un placer. Hemos vivido al borde del abismo.
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