En su libro de 2018 ¿Qué me estás cantando? Memoria de un siglo de canciones, el escritor, músico y periodista Fidel Moreno dejó muchísimas reflexiones notables sobre lo que la música supone en nuestras vidas. Traigo ahora aquí una de ellas, relacionada con la cuestión del gusto y lo que llamamos a menudo música culta.
“Pese a que el debate entre la
alta y la baja culturas está superado al menos desde los años sesenta
del siglo pasado, es sorprendente como una y otra vez resurge en torno al gusto
musical, atribuyendo a la llamada música culta una
superioridad respecto a la popular. Los mecanismos de distinción en torno a la
música forman parte inevitable de su uso y apropiación, y no está mal querer
distinguirse, pero siempre es más interesante para un conocimiento más
profundo de la música y de nosotros mismos saber de qué y de quiénes nos
estamos distinguiendo. En definitiva, se trata de dejarse llevar en la escucha
por el placer y no por la represión de lo que está mandado, según la moda del
momento o el devenir histórico con el que nos identifiquemos, y a su vez
enriquecer la experiencia con una escucha de la escucha, de la propia y de
la ajena”.
Moreno no cree, yo tampoco, “que una gran
poesía sea mejor que una gran canción”: es evidente que “son disciplinas
distintas y no hay por qué elegir ni establecer jerarquías represoras”. Pone él
un ejemplo contundente:
“Basta comprobar el talento y el
logro con que Rafael de León conseguía concentrar en tres minutos una
estructura dramática con presentación, nudo y desenlace”.
Y atención a la conclusión a la que llega Moreno, que
a mí me parece incontestable (y contundente):
“La música es un fenómeno de
transculturación constante; no hay una pureza original ni una fórmula
fija, sino un proceso continuo de hibridación en el que resulta ingenuo tratar
de distinguir lo genuino de lo espurio. La música siempre es bastarda, hija de
madre dudosa y padre desconocido. Y los estilos que ostentan abolengo son en
realidad, si se me permite el exabrupto, tan hijos de puta como los más
vulgares”.
En mi libro de 2021 La música (pop) y nosotros,
traté yo mismo este asunto del gusto con cierta profundidad, basándome
esencialmente, pero no sólo, en la obra de Carl Wilson Música de mierda. Un
ensayo romántico sobre el buen gusto, el clasismo y los prejuicios en el pop,
donde podemos leer que “uno no es consciente de hasta qué punto sus gustos
pueden ser unos controladores egoístas hasta que intenta traicionarlos”. Sé que
cuando hablamos de música trabajamos con un material muy sensible que se lustra
con la palabra gusto. Al fin y al cabo, el poeta francés Paul Valéry
escribió (a comienzos del siglo XX) que “el gusto está hecho de mil
aversiones”.

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