Uno lee libros por diversas razones, para asombrarse es una de ellas. Lo que siguen son asombros provocados por los libros que leo.
Martin Luther King y la
esperanza
“Martin Luther King expresa con mucho
acierto la dimensión activa de la esperanza. En su célebre discurso I have a
dream dice:
‘Con esta fe
seremos capaces de tallar en la montaña de la desesperación una roca de
esperanza. Con esta fe seremos capaces de transformar las chirriantes
disonancias de nuestra nación en una bella sinfonía de fraternidad. Con esta fe
seremos capaces de trabajar juntos, de rezar juntos, de luchar juntos, de ir a
la cárcel juntos, de defender juntos la libertad, sabiendo que un día seremos
libres’.
Martin Luther King no es un
optimista, pues la roca de la esperanza solo se tallará en la montaña de
desesperación. Su sueño es la visión de alguien que sueña despierto. Es la
esperanza la que crea esas visiones con las que soñamos despiertos. Ella estimula
la imaginación para actuar”.
Byung-Chul Han:
El espíritu de la esperanza (contra
la sociedad del miedo), 2024
El testamento político de
Carrero Blanco
“En su agenda de Loewe, que
sobrevivió intacta a la explosión, Carrero tenía apuntado para el día siguiente
un consejo de ministros en el que daría lectura a un documento que, a raíz de
su muerte, ha sido considerado una suerte de testamento político, no solo por
ser el último y haber sido redactado a mano por él mismo, sino por dar cuenta
de su perplejidad en el mando y sus deseos de enderezar, mediante una «ofensiva
institucional», una España que iba por mal camino. En este largo documento
manuscrito con el que buscaba poner orden en aquel desmadre, entre otras
perlas, podemos ver el brillo y la importancia que Carrero daba a la música pop
en la nefasta corrupción de las costumbres que el Estado debía contrarrestar:
«Se trata de formar hombres y no maricas, y esos melenudos trepidantes que
algunas veces se ven no sirven ni con mucho a este fin»”.
Fidel
Moreno: ¿Qué me estás cantando? Memoria de un siglo de canciones,
2018
Proust y los besos
“Los besos son importantes. Por culpa
de un beso de buenas noches denegado por su madre cuando era niño, Proust teje
toda una neurosis familiar en forma de novelón asmático, policromado, que en el
fondo es todo él una indagación detectivesca alrededor de los besos furtivos o
fantasmales, de los besos no dados o no recibidos o dados y recibidos a
destiempo o a las personas equivocadas. Hay un trastrueque de cuerpos y
soledades circulando por la novela de Proust, alguna de cuyas páginas a veces
refracta la luz como un vaso facetado. Una novela policiaca sin crimen en la
que todas las pruebas acusatorias se encuentran allá atrás, en el pasado.
Lejos. Besos con sabor a magdalena mojada en té de lágrimas o besos con sabor a
playa normanda o besos de bocas niñas, acatarradas, en un permanente carnaval
de celos y de labios. En el paréntesis de un beso no pronunciado el mundo, de
repente, deja de llover o se hace música y duele. Triste pero forzoso es
admitir que los besos no recibidos han hecho más por la literatura que los
besos recibidos”.
Eloy Tizón: Técnicas de iluminación (cuentos), 2013.

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