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Contra el miedo, la esperanza


El filósofo Byung-Chul Han, de doble nacionalidad, surcoreana y alemana (de hecho es en alemán la lengua en la que escribe), goza del doble reconocimiento del prestigio y de la, y ahí entramos casi en lo fantástico, popularidad mundial. Es un autor prolífico del que yo he leído su libro Der Geist der Hoffnun (Wider die Gesellschaft der Angst), traducido a mi idioma en 2024 por Alberto Ciria con el título de El espíritu de la esperanza (contra la sociedad del miedo).

Lo que el autor llama ‘Preludio’ nos sitúa de sopetón en el asunto de la obra. Leamos:

 

“Merodea el fantasma del miedo. Permanentemente nos vemos abocados a escenarios apocalípticos como la pandemia, la guerra mundial o las catástrofes climáticas: desastres que continuamente nos hacen pensar en el fin del mundo o en el final de la civilización humana. En 2023, el Doomsday Clock o Reloj del Apocalipsis indicaba que faltaban noventa segundos para la medianoche. Dicen que su minutero jamás había estado tan cerca de las doce. […]

De tantos problemas por resolver y de tantas crisis por gestionar, la vida se ha reducido a una supervivencia”.

 

Los humanos somos meros supervivientes, parecería. El autor nos va a hacer comprender que no. Somos algo más, porque existe la esperanza. Dada esta situación, Byung-Chul Han nos dice que únicamente la esperanza “nos permitirá recuperar una vida en la que vivir sea más que sobrevivir. ¿Por qué? Porque lo que hace la esperanza es desplegar ante quien llega a ella “todo un horizonte de sentido capaz de reanimar y alentar la vida”, regalándole el futuro.

[…]

Que la esperanza es lo contrario de la angustia es algo que aprendemos en el libro. Ese sentimiento, el de la angustia, unido al resentimiento, tan propios de estos tiempos apocalípticos, lo que hace es empujar a mucha gente a adherirse a los populismos de derechas al atizar el odio. Ocasionan “pérdida de solidaridad, de cordialidad y de empatía”. Su crecimiento “provoca el embrutecimiento de toda la sociedad y, en definitiva, acaba siendo una amenaza para la democracia”, que “es incompatible con el miedo” y solamente “prospera en una atmósfera de reconciliación y diálogo: quien absolutiza su opinión y no escucha a los demás ha dejado de ser un ciudadano”. No olvidemos que “el miedo ha sido desde siempre un excelente instrumento de dominio”, y que “donde hay miedo es imposible la libertad”. Lo único que hace el miedo e lanzar “señales de advertencia”, mientras que la esperanza lo que hace es ir dejando “indicadores y señalizadores de caminos”. Nos pone en camino, no ofrece sentido y orientación, “mientras que el miedo imposibilita la marcha”. Mientras la esperanza nos ofrece futuro, el miedo nos lo roba. Propagar el clima de miedo es verdaderamente preocupante. Más que el propio miedo.

[…]

Conviene saber diferenciar la esperanza del optimismo. Éste carece de cualquier tipo de negatividad, “desconoce la duda y la desesperación”, se fundamente en la creencia de que “las cosas acabarán saliendo bien” y no está camino de ningún sitio. Mientras la esperanza “supone un movimiento de búsqueda” de lo nuevo, “de lo que jamás ha existido”, y ha de ser conquistada. La esperanza nos hace actuar, el optimismo no. La esperanza “se caracteriza por el entusiasmo”.

[…]

La esperanza no es optimismo, pero tampoco en eso que llamamos pensamiento positivo, que “nos presenta el mundo como unos grandes almacenes en los que nos suministran cuanto pedimos” y nos hace a cada uno “el único responsable de su propia felicidad”. De hecho, “el culto a la positividad aísla a las personas, las vuelve egoístas y suprime la empatía, porque a las personas ya no les interesa el sufrimiento ajeno. Cada uno se ocupa solo de sí mismo, de su felicidad, de su propio bienestar. En el régimen neoliberal, el culto a la positividad hace que la sociedad se vuelva insolidaria”

La esperanza, leemos en el volumen, “nos permite escapar de la cárcel del tiempo cerrado”. Nos hace creer en el futuro. Al contrario que el miedo. Lo que se necesita en estos tiempos es vencer al clima y al régimen del miedo. ¿Cómo? Creando “una política de la esperanza, una atmósfera de la esperanza”. El miedo hace que solamente haya supervivencia, pero lo que se necesita es esperanza.

La esperanza es acción, contiene una dimensión activa “que nos mueve a actuar y nos inspira para lo nuevo”.

[…]

Entusiasmo y afán: también eso caracteriza a la esperanza, que va más allá del deseo y la expectativa, que no es como ellos puntual, sino que es algo duradero. Es ímpetu insatisfecho que ilumina el mundo y lo prevé.

 

“Cabría pensar que incluso la evolución es impulsada por una esperanza inconsciente”.

 

[…]

La esperanza se acompaña de “una radiante serenidad” y de “una profunda cordialidad”. Nos hace “soñar despiertos las visiones de un mundo mejor”. Pero no es lo que soñamos cuando dormimos. Nos permite despedirnos del pasado para “estar atentos al futuro, a lo posible, a lo que todavía no existe”. Al futuro: a las cosas no previsibles e incontrolables también. La esperanza, en lugar de ignorar el mundo, lo que hace es enfrentarlo. Nos saca de nuestro ego y “funda un nosotros”.

[…]

La esperanza hunde sus profundas raíces en lo trascendente (“quien tiene esperanza, está camino del otro: cuando uno tiene esperanza, confía en algo que lo trasciende; en eso la esperanza se parece a la fe”). Y es además fruto del pensamiento, no de la inteligencia, ojo, es decir, del cálculo. Del pensamiento. Del pensamiento y de “la atención guiada por el amor”. No en vano, “el pensamiento es un acto amoroso”. Porque ama la verdad. Es así que la esperanza acaba por ser “una excelente vía de conocimiento”.

Cuando se tiene esperanza no se pone atención en la esencia (el pasado) ni en la presencia (el presente), se pone atención en su futuro, en sus posibilidades. Ella permite traer novedades al mundo.

Reanimar, alentar. Poner en camino. Ofrecer sentido y orientación. Buscar con entusiasmo lo que jamás ha existido. Mover a la acción, inspirar para lo nuevo. Iluminar y prever. Soñar en la vigilia, atender al futuro, a lo imprevisible. Enfrentar al mundo. Trascender, pensar, amar, conocer. Todo eso hace la esperanza, a decir de Byung-Chul Han.

 

Este texto pertenece al artículo ‘Solamente la esperanza nos salvará (un libro de Byung-Chul Han)’, publicado el 25 de diciembre de 2025en Nueva Tribuna, que puedes leer completo EN ESTE ENLACE.

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