Uno lee libros por diversas razones, para asombrarse es una de ellas. Lo que siguen son asombros provocados por los libros que leo.
Los poetas de la Generación del 50 (o del medio siglo)
“José Agustín Goytisolo, como Ángel González, Gil de Biedma, José Ángel Valente y otros poetas de la generación del 50 —los niños de la guerra —, ensayaron nuevas formas de decir, retomando el compromiso moral y político de la poesía social y militante anterior, pero desde un intimismo poco afectado por soflamas proselitistas o amaneramientos líricos al uso”.
Fidel Moreno: ¿Qué me estás cantando? Memoria de un siglo de canciones, 2018
El ser humano, su historia
“Desde que emergimos en la zoología,
tres millones de años nos separan de las armas y los utensilios tallados en
piedra. Después cuarenta mil años de prehistoria. En fin, nueve mil años de
historia, que no es otra que la guerra infinita. Los hombres, al finalizar la
prehistoria y nacer el neolítico, desgarraron el tiempo hasta premeditar el año
y trataron a las plantas, los animales y los hombres como si fueran criadores”.
Pascal
Quignard: El odio a la música,
1996
La guerra
“Mirando hacia el frente, hacia la
línea invisible donde se agazapaba el enemigo, crecía la calma. El terreno era
liso y despejado, como un mar de sombras. Hasta Olivares sólo llegaba alguna
voz suelta o el estampido de algún motor. Ni un solo disparo. Y, no obstante,
miles de hombres se acechaban para matarse, a muy poca distancia unos de otros.
Comerían, dormirían, incluso bromearían y soñarían, para, dentro de muy pocas
horas, lanzarse a la zarabanda homicida, y matar sin saber a quién se mata o
morir sin ver el rostro del matador. A toque de corneta. Cuando lo mandasen.
La noche cóncava y silenciosa era
para Olivares como un inmenso grito de protesta contenido, porque bajo aquella
tranquila apariencia él advertía un nervio invisible vibrando intensamente,
como ese hilo telegráfico que atraviesa la noche de los campos y de los pueblos
para anunciar quién sabe qué estremecedoras noticias y que pasa tal vez por
nuestro lado sin que podamos entenderlo. Cerebros de hombres calculaban el
número de muertos y cerebros de hombres preparaban los terribles lechos de los
hospitales de sangre. En, calma. Bajo la noche. Con un cigarrillo entre los
labios. Oficio. Desdén. La mecánica de la guerra.
(La verdad es que al contacto con la
realidad grosera de la guerra, la literatura revolucionaria y su encendida
dialéctica se quiebran y se pulverizan como pura hojarasca. Los dientes de la
guerra trituran brutalmente cualquier pensamiento… pero la guerra… Son los
lápices rojos, las reglas y los compases, los mapas… Motoristas, órdenes,
Estados Mayores, toda una perfecta y complicada organización sobre el comercio
de vidas humanas. La muerte objetivada, hecha número… La guerra no sabe para
qué funciona. Funciona simplemente. Hombre, es la guerra. Pero… ¡Es la guerra!
Y así hasta el final: la guerra sujeto, la guerra protagonista, la guerra
razón. ¡Todo para la guerra! ¡Todo por la guerra! ¿Usted qué es? ¿Yo? Un
miembro de la guerra, una uña de la guerra, un pelo de la guerra. La guerra es
mi padre, mi dios y mi ley. Yo he nacido para eso: para servir a la guerra)”.
Ángel María de Lera: Las últimas banderas (novela), 1967

Comentarios
Publicar un comentario
Se eliminarán los comentarios maleducados o emitidos por personas con seudónimos que les oculten.