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Manuel querido hermano Machado, Antonio querido hermano Machado


La séptima novela del escritor español Joaquín Pérez Azaústre, autor asimismo de varios poemarios, publicada en 2023, lleva por título El querido hermano y está protagonizada por el poeta Manuel Machado (y por su hermano Antonio).

Presiden el libro unos versos del poema ‘El viajero’, de Antonio Machado, incluido en 1903 en Soledades:

 

          “Está en la sala familiar, sombría,

y entre nosotros, el querido hermano

que en el sueño infantil de un claro día

vimos partir hacia un país lejano”.

 

Y la novela comienza así:

 

          “Manuel Machado sabe que su hermano Antonio acaba de morir”.

 

Estamos en el año 1939, en la España enfrentada en una guerra civil que ya llega a su fin (hasta instaurar la dictadura que fluirá a lo largo del devenir de las próximas décadas). Y Pérez Azaústre es un poeta que escribe novelas, un novelista que escribe poemas:

 

“El día siguiente resulta un horizonte todavía imposible para Manuel Machado cuando apoya la mano en la baranda, muy pulida, por la que parecen haber pasado miles de manos para ir arrebatando a la madera la oscuridad nutriente de su espíritu”.

 


A Manuel —en este libro, en el que hay frases que se pueden quedar suspendidas en el aire de una habitación “como una grieta en la normalidad”— no se le ha muerto el hermano, tampoco su mejor amigo, quien se le ha muerto es “su compañero en la literatura y en la vida, en la poesía y en la vida”, hasta el punto de que “se respiran el uno en los versos del otro”.

Manuel Machado, sí, “con su fama de dandi vividor, casi una leyenda de calavera a la espalda, entre amantes cupletistas, actrices o directamente putas por todos los rincones del país”. Para quien su hermano Antonio era su otra mitad, a decir de él mismo.

Manuel Machado; quien, como explica un personaje de la novela, jamás podría haber pensado “que se vería con sesenta y tantos años yendo a otro país, cruzando la frontera para llegar al entierro del hermano con el que escribió sus obras de teatro, y que cada uno de ellos representaría a una España enemiga de la otra”.

Pérez Azaústre ha escrito una novela que es un poco un ensayo también, una novela poética que cuando es ese poco ser suyo ensayo ofrece reflexiones hechas desde la literatura propia de ese tipo de escritura y nos hace leer cosas como esta:

 

“La especial dureza y al cainismo patrio de machacar las presuntas sombras de un hermano para verter los focos sobre el otro se revelará en las opiniones que disculpen en Antonio lo que reprochan a Manuel: el conocimiento de los crímenes de su propio bando en la retaguardia o la escritura de poemas bélicos, en una exaltación de la violencia y la sangre. También cabría preguntarse por qué hay que juzgar a Manuel Machado, cuando no se juzga a Antonio, y qué tipo de superioridad íntima convierte a ciertos estudiosos y escritores en valerosos guardianes de la moral pública cuando ha pasado el peligro”.

 

Y ahí, sin pretenderlo, se transforma el libro en una defensa a tumba abierta de la memoria de Manuel frente al respeto endiosador que se le tiene a Antonio, emparentando ambas grandezas como lo que en realidad fueron, las de creadores desmedidos enhebrados por sí mismos y su estirpe pero separados por las especiales capacidades de cada uno para representar con sus respectivas poesías artes literarios incomparables. Porque, zanja el autor de El querido hermano, “también cabría preguntarse por qué hay que juzgar a Manuel Machado, cuando no se juzga a Antonio, y qué tipo de superioridad íntima convierte a ciertos estudiosos y escritores en valerosos guardianes de la moral pública cuando ha pasado el peligro. Pero eso forma parte del alma española, que al final existe, y si nos detenemos demasiado en ello estaremos contribuyendo a reafirmar esa mirada tosca, injusta y sin matices sobre nuestro paisaje”. Y sobre nuestro paisanaje, cierro yo.

El querido hermano es un libro que leí en muy poco tiempo, diríase que de un tirón, si tal cosa me fuera posible, y eso lo sitúa en un escalón lo suficientemente alto como para que me apetezca recomendarlo.

 

          “Cuánto tiempo cabe en la mirada de cristal de un ciervo”.


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