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¿Hay algo de secta en la Iglesia católica? Los domingos, la película


El tercer largometraje de la cineasta española Alauda Ruiz de Azúa se titula Los domingos, fue escrito y dirigido de una manera exquisita por ella (como el primero suyo, el también extraordinario Cino lobitos), y se estrenó en 2025.

De algo menos de dos horas de cabal duración, junto a ese ritmo tranquilo pero no anodino y esos diálogos tan auténticamente realistas y cinematográficos a un tiempo, destaca en esta multipremiada película (sin ir más lejos, se alzó con cinco Goyas: a la Mejor película, al Mejor guion y a la Mejor dirección, entre ellos) poderosamente la interpretación de sus actores, encabezados por la joven Blanca Soroa, espléndida, conmovedora, y las como siempre prodigiosas Patricia López Arnaiz y Nagore Aranburu (a ellas fueron a parar respectivamente los otros dos Premios Gora, el de Mejor actriz principal y el de Mejor actriz de reparto, respectivamente), perfectamente secundadas por las meritorias actuaciones de Miguel Garcés y Juan Minujín, así como la de Mabel Rivera


Fotografiado con mucho tino por Bet Rourich, Los Domingos es un drama familiar con presencia protagonista del catolicismo, lo que hace de él un filme peculiar que aborda un asunto poco habitual en la cinematografía, el de la pulsión religiosa, el de la vocación monjil. Y aún con ello (un asunto que parecería hoy un tanto extraterrestre), Ruiz de Azúa (“fiel a su ideario de cine transparente hasta doler”, a decir del crítico cinematográfico Luis Martínez en El Mundo) logra poner delante de nuestros ojos, nuestros cerebros, nuestras almas, una obra de arte mayúscula, de sumo interés humano, casi diríamos que cercana.

FilmAffinity la situó (cuando escribía yo esto) en su ranking como la tercera mejor película de 2025, la decimotercer mejor película española de siempre, y la 58 de entre las mejores películas del siglo XXI. Casi nada.

“Una obra portentosa, inmensa, trasparente en su complejidad y gozosa en su dolor”: eso escribió de Los domingos Gregorio Belinchón en El País. Aunque estoy totalmente en desacuerdo con su compañera en el mismo diario, Elsa Fernández-Santos, para quien este “sobrio y ambiguo drama no quiere elegir bando, pero en su afán por entender al otro acaba por despreciar a los suyos”. ¿?¿? La contradigo diciendo que Los domingos NO “se mueve como una polilla alrededor de la luz de un complejo debate cuyas certezas y contradicciones quedan en el aire”, porque las contradicciones y las certezas del filme están perfectamente claras para quien lo vea, y solamente quedan suspendidas hasta que nos damos cuenta del horror o de la pasión, al gusto de las creencias más o menos firmes de cada cual. Yo lo que vi en Los domingos fue la capacidad de la Iglesia católica para atrapar las débiles mentes necesitadas de algo inasible que convierta sus fantasmas en una realidad contagiosa y total.

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