“El poema se mueve en las distancias cortas, equivale, en atletismo, a la prueba de los cien metros lisos, es una materia accesible (al menos técnicamente) con cierta facilidad y conlleva, por lo general, poco tiempo en su elaboración. Una libreta, un bolígrafo o estilográfica e imaginación bastan para que el escritor pueda perfilar un ejemplar de tal especie. Es evidente que el poeta necesita un mínimo de formación acerca de la versificación (incluso para el verso libre), oído para el ritmo (la música del verso), mucha autoexigencia y lectura, mucha lectura.
El producto final del trabajo
dedicado por el poeta a ello no siempre puede ser considerado con ese término:
poema. Para que lo sea tiene que contar con esa “materia” indefinible que
genera en el lector una amalgama de sensaciones que lo acercan a la felicidad:
emoción sentimental y emoción estética, evocaciones, activación de la memoria
íntima, generación de sentimientos como incertidumbre, miedo, dolor, empatía
con el sufrimiento o con la felicidad del poeta. Lo que hace posible que el
poema sea tal y cuente con las capacidades enunciadas es el lenguaje, un
lenguaje siempre nuevo, son las palabras imprevistas y con sentido, a veces la
sorpresa que revela y asombra, que perturba e incomoda o angustia.
Puede ser un ejercicio de barroquismo
al modo en que lo hizo el Góngora más complejo; o un alarde culturalista u
ornamental, puede ser un empeño de depuración y síntesis, de desnudez (Juan
Ramón: la “poesía pura”), de despojamiento, puede serlo dibujando un escenario
de irracionalidad, perfilando un mundo surrealista, u onírico, alimentado de
sueños o pesadillas, tal y como hicieron los poetas del periodo de entreguerras
generando movimientos de vanguardia (creacionismo, dadaísmo, futurismo…) o de
ruptura y quiebra del lenguaje convencional, tal y como ocurriera en España en
el comienzo de la segunda mitad del siglo XX con el postismo y, en el mundo,
con la poesía visual. No olvidemos que ha habido numerosas reflexiones sobre la
poesía “no figurativa”, incluso hermética, en las que se destaca que el
universo de emociones estéticas contenido en un poema en principio no
inteligible puede conmover al lector, despertar en él experiencias sensoriales,
anímicas o intelectuales, y contener una verdad esencial no explicable
racionalmente pero sí sentida. María Zambrano llegó a afirmar, con
cierta vehemencia, que “los poetas ininteligibles son los que sirven”. O Juan
Gelman: “Con la poesía se puede decir todo de otro modo y, sobre todo, se
puede decir lo que no se puede decir”.
Este texto pertenece al libro Qué es la poesía, del escritor de narrativa y poesía y crítico literario Manuel Rico, publicado en 2025 en la COLECCIÓN QUÉ ES por Sílex ediciones.

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