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Qué es la historia, un libro de Justo Serna

“La historia es conocimiento de las sociedades en este o en otro tiempo y no solo mero discurrir o mero transcurso del tiempo. Entonces, quien cultiva la historia sabe —o debería saber a estas alturas del libro— que es una disciplina acerca del pasado.

De ese pasado no puede decirse cualquier cosa o no puede recrearse según el deseo de cada cual. La memoria sí es antojadiza, dependiente entre otras cosas del azar emocional y de los recuerdos compartidos. La historia, no: no puede y no debe serlo.

Quien se dedica profesionalmente a estudiar o investigar el pasado se somete a unas normas para así acceder indirectamente a los documentos de lo pretérito, reciente o remoto, cuando documento viene del latín docere (‘enseñar’).


La historia es una de las humanidades con método: trabaja con documentos, sí, y el documentum nos enseña lo que no está. Para manejar esos materiales sabiendo darles su significado, el historiador obra como un profesional, esto es, con disciplina, con rigor probatorio.

Según indicaba, una disciplina es un conocimiento colectivo. Es decir, se transmite colectivamente. Es una pesquisa sometida a reglas comunes que comparte un agregado humano (en nuestro caso, la comunidad de los historiadores) con el fin de alcanzar ciertas metas.

Es más: nos hallamos ante reglas establecidas por la Academia que son, por otra parte, las que permiten la búsqueda de la verdad histórica. La verdad histórica no se ciñe exclusivamente a lo sucedido en realidad, como sostu­vo famosamente Leopold von Ranke en pleno siglo XIX.

Lo no ocurrido, lo ideado y fantaseado, pero a la postre descartado o fracasado, también es parte del objeto de conocimiento. Ahora bien, sea lo verdaderamente ocurrido o sea lo imaginado, lo concebido, pero desechado o derrotado, exigen pruebas, pruebas comunes y un relato, gracias a lo cual puede comunicarse y compartirse.

Tal como la concebimos hoy, al historiador le está vedado usar la fantasía, rellenar sus ignorancias con fabulaciones. Entre los cronistas de otro tiempo, entre los historiadores anteriores a la disciplina y a la profesión (que se forman en la Europa del siglo XIX), la falta de documentos o testimonios bien podía suplirse con lo ficticio.

Hoy, tal procedimiento es inaceptable. Quien investiga desarrolla una averiguación basada en argumentos bien explícitos y en documentos materiales o inmateriales que son —que deberían poder ser— utilizables por los demás. Las fuentes de información tienen que ser accesibles y el significado dado tiene que ser comunicable y comprensible”.

Este texto pertenece al libro Qué es la historia, escrito por el historiador Justo Serna, publicado en 2025 en la COLECCIÓN QUÉ ES por Sílex ediciones.

 

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