El controvertido y reputado escritor y periodista italiano Pino Aprile, quien ya había publicado en 1997 Elogio dell'imbecille. Gli intelligenti hanno fatto il mondo, gli stupidi ci vivono alla grande (traducido años después a mi idioma con el título de Elogio del imbécil: el imparable ascenso de la estupidez), volvió a la carga con ese asunto de tanto éxito editorial y en 2022 salió a la luz Il nuevo elogio dell’imbecile (Nuevo elogio del imbécil, vertido a mi idioma en 2025 sensacionalmente por Juan Manuel Salmerón), que acabo de leer con gusto y aprovechamiento.
“La imbecilidad es
seguramente el único ámbito en el que el conocimiento resulta del todo inútil.
Dicho de otro modo: saber cómo funciona la estupidez, cómo actúa y se
multiplica, debería, en rigor, ayudarnos a evitar sus consecuencias. Pues bien:
no es así”.
Echa un poco para atrás leer una y otra vez en el libro de Aprile, aparentemente sencillo e incluso banal (por su brevedad y especialmente por su tono a menudo jocoso), la expresión Homo sapiens sapiens, ya desechada por los verdaderos especialistas en la todavía llamada evolución. No obstante, hay algo en esta obrita que atrapa, no solamente su gran calidad literaria.
Aprile es alguien descreído, vaya por
delante:
“Los
votantes no eligen al mejor, al más honrado, al más capaz, sino a quien más se
les parece. Y como los imbéciles son mayoría, ya sabemos quién gana”.
Aprile comienza por hablarnos de la
ley evolutiva, de la selección natural:
“La
ley evolutiva es la misma para todos: la selección natural, la supervivencia
del más apto. Así prevalecen las características que permiten a la especie (a
cualquier especie) responder ventajosamente al entorno. La selección natural no
sigue un camino trazado: avanza al azar y de una serie ininterrumpida de
intentos exitosos genera aquellas características que garantizan la
supervivencia de la especie. En nuestro caso, fue la inteligencia”.
Y la pregunta sale por sí sola:
“Si
nuestra característica es la inteligencia que nos ha permitido sobrevivir y
dominar un medio hostil, ¿por qué reina la imbecilidad?”
Aprile responde:
“La
inteligencia humana ha agotado su función: ya no es necesaria y está siendo
eliminada como, en el pasado, lo fueron otras características caducas (pelo en
todo el cuerpo, cola, muelas del juicio...). Lo demuestran la historia de
nuestra especie y nuestro comportamiento cultural y social”.
Garantizada su supervivencia, los
humanos dejamos de necesitar la inteligencia, “al menos no tanto como la
necesitamos en el pasado”. El periodista italiano llega a afirmar que “la
inteligencia puede salvar a un número reducido de simios, pero destruir a todo
el género humano”. Lo que importa a la hora de la conservación de nuestra
especia no es la calidad, es la cantidad. Y el cerebro humano lleva con el
mismo tamaño desde hace 250.000 años, que se dice pronto.
“La
selección no es solo natural, también es cultural, y el Homo sapiens sapiens
lleva muchos milenios creando comportamientos y sistemas sociales que
exterminan a los mejores”.
Aprile habla de la democracia, claro.
Se veía venir. Se burla de que en ella “el voto de unos cuantos merluzos” valga
igual que el de los científicos que revolucionaron la física contemporánea. Eso
ya lo decía Cánovas del Castillo aquí, en España. Hace siglo y medio. La
política, es decir, “el ejercicio del poder”, le sirve a nuestra especie para
combatir el aumento de la inteligencia. ¿Cómo? Reduciéndola.
[…]
Nosotros, los seres humanos de ahora
mismo, simplemente hemos heredado lo que Aprile llama “el manual de la
especie”: hemos heredado “todo lo que integra nuestra cultura sin hacer nada”.
Y esa herencia no son más que instrucciones de uso.
Entonces… (Llega la gran pregunta.) “¿Cómo
es posible que, pese a que la estupidez campa a sus anchas, el mundo vaya
viento en popa?” O, planteada de otra manera:
“¿Cómo es posible,
pues, que la sociedad siga su camino pese al aumento de la estupidez?”
El autor del libro considera, claro,
que únicamente podemos responder a eso de una manera:
“La
inteligencia (ya) no es necesaria para que el mundo marche: la imbecilidad
puede hacerlo igual de bien e incluso mejor”.
Una evidencia de todo esto es que, de
ser la imbecilidad algo negativo para nuestra especie, o bien nos habríamos
extinguido ya o bien no habría imbéciles.
No solamente entre las jerarquías de
poder hay imbéciles (muchos), de hecho, Aprile sostiene que “el porcentaje de
imbecilidad es el mismo entre directivos, políticos y peluqueros”. Estoy
bastante de acuerdo en ello, pues no en vano me paso la vida defendiendo que
quienes critican la incompetencia de nuestros políticos ignoran que nuestros
políticos somos nosotros, salen de donde estamos nosotros, de nuestro
entorno.
En las organizaciones, la
característica dominante, se explica en el libro, “es la mínima que se exija
para formar parte de ella”, algo que no es si no el resultado de otra
evidencia: “cuando varios ejemplares de la especie se unen, la capacidad del
pensamiento colectivo se ajusta a la del más tonto”. Sic. Como vemos, los
razonamientos de Aprile son a menudo insostenibles. Como cuando afirma que “la
educación es una poderosa herramienta de nivelación a la baja de las dotes
intelectuales”, de manera que lo que hace la escuela es matar el genio, en
lugar de estimular la inteligencia.
De todas las formas, el autor
italiano acaba por admitir que todo esto no es más que un pour parler,
un hablar por hablar. Pues le leemos casi al final de su obrita que…
“Las
cuestiones, sobre todo estas tan complejas, nunca se resuelven del todo. Se
discuten, se debaten y es lo único que podemos hacer. A quienes buscan la
verdad absoluta les parecerá poco. Pero es muchísimo. Es muy justo y razonable
decir que el lenguaje nos ha hecho a los seres humanos como somos. La palabra:
dialogar, debatir. Esa es la esencia de la humanidad”.
[…]
En definitiva, ¿no necesitamos ya
los humanos la inteligencia o es la inteligencia la que ya no nos necesita a
nosotros?
Vamos, que estamos apañados.
No sé si ha quedado claro, pero a
quienes les va a fascinar este libro es a los cansinos de avercuandollegaporfinelmeteorito.
Este texto pertenece al artículo ‘El largo viaje de los imbéciles’, publicado el 27 de febrero de 2026 en Nueva Tribuna, que puedes leer completo EN ESTE ENLACE.

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