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Los antiguos anarquistas y la nueva extrema derecha


Leo en una novela, la primera suya, del escritor español Ángel María de Lera (Los olvidados, publicada en 1957), que, antes de la guerra (la Guerra Civil, ¿cuál si no?), “los propagandistas anarquistas sabían demasiado bien que para despertar la acción de aquellas gentes empobrecidas no bastaba convencer, sino irritar. La única fuerza motriz de las castas aherrojadas es el rencor. Y lo despertaban”. Pues bien, eso mismo es lo que hace ahora la extrema derecha, apunto yo, que repite “teorías simples, infantiles y rudimentarias”, pero de sentido completamente contrario. Eso sí, sin pararse a emplear la otra arma de aquellos anarquistas para “captar prosélitos ardientes”: el fulgor poético y sentimental. Aunque pensándolo bien, ya por aquel entonces, desde finales del siglo XIX hasta que ganaron su Movimiento, la extrema derecha viene haciendo eso que hace la de ahora, la cual, además, no necesita gastar las maneras brutales de los fascismos aquellos, siéndolo pero sin correajes.

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