El negocio que es cada vez más el fútbol y el futuro de este deporte y espectáculo sensacional, o como diría Jorge Valdano, “el fútbol, ese juego arisco, brutal y sorprendente que no hay dinero que pueda domesticar”, el fútbol, que “es un sentimiento mucho antes que un negocio”.
Por supuesto que el fútbol ha cambiado, se dice que la industria, el afán empresarial, lo ha deshumanizado, lo ha despopularizado, lo ha desarraigado. Para el campeón del Mundo eso es una exageración. Para él, pienso lo mismo, que el fútbol-negocio mueva mucho dinero es bueno, siempre y cuando no lo mueva la corrupción. Si del estilo se habla, si de la forma de jugarlo para disfrutar haciéndolo y hacer disfrutar a quienes lo contemplan, es muy posible que el fútbol haya perdido “imaginación, astucia y espontaneidad, pero, colectivamente, nunca se jugó mejor: el fútbol cambió porque el mundo cambió”. Aquello de crecer en un lugar y jugar como ese lugar (escuela sudamericana, europea, andaluza, vasca…) va desapareciendo porque “hoy el fútbol, que está dentro de la economía y de la sociedad, se parece a su tiempo”. El capital que le llega le llega desde países impensables hace décadas, “los equipos se arman con jugadores extranjeros, niños y niñas encuentran a sus ídolos en las redes y compran camisetas de clubes remotos”. Pero el fútbol “siempre acompasa a la gente y la gente, digan lo que digan, no va a cambiar. De manera que el nuevo fútbol será, ni más ni menos, como el viejo”.
El
fútbol lleva mucho tiempo siendo “un cuento maravilloso” y teniendo “la
resistencia de una mala hierba”: por eso sobrevivirá, mantiene Valdano. Ahora
bien, advierte de que al olvidar “que la magia de este juego popular está en su
accesibilidad y su simplicidad”, y que, “si seguimos alejándolo de la gente, lo
condenaremos a muerte”.
El
fútbol es juego e industria, sin duda: “el juego es un problema gratuito que
nos hemos inventado y cuya solución nos sirve para divertirnos más y hasta para
vivir mejor. Pero la industria tiene otra gravedad, porque sostiene el modo de
vida de muchísima gente”. Como existe “algo primitivo en el fútbol que sigue
funcionando y que no necesita de moderneces”, y eso es “el talento de los
jugadores y la fuerza de la épica”.
En
tanto que “parte de la industria del entretenimiento, existe para divertirnos y
para activar emociones comunitarias que de otro modo estarían adormecidas”. No
olvidemos que entretener es el “cometido industrial” del fútbol. Pero el
fútbol, como experiencia, “va más allá de su condición de juguete social;
implica sentimientos de adhesión e identidad compartida y hasta juega un papel
de intermediario entre padres e hijos, cada vez más difícil de encontrar en
otros ámbitos”.
Para
la supervivencia del fútbol no basta con cuidarlo como entretenimiento, sino en
tanto que fuerza sentimental e identidad comunitaria, potenciando “el amor al
juego enraizado en la infancia, seguramente heredado como una pertenencia casi
moral”, Asegura el sabio argentino que es “en esos intangibles (para
decirlo en lenguaje empresarial) en lo que el fútbol no tiene competencia”.
Pero hay que tener cuidado en no poner toda la atención en la nostalgia, donde sin
duda “reside parte importante de la identidad, que es desde donde el juego se
nutre de sus emociones más grandes” porque el fútbol es algo “que siempre está
ahí adelante, donde habitan las expectativas y las ilusiones”.
“El antes solo le sirve al recuerdo. Cuando no al olvido. El
fútbol es después y, sobre todo, es ahora”.
El
fútbol es muchas cosas, ya lo sabemos: hay “un juego divertido que, sin
embargo, a veces se convierte en una película de terror llena de incertidumbre
y con picos dramáticos”; hay “un fútbol barrial, con su esencia amateur”, pero
también uno profesional que cada día es más elitista; están quienes como
Valdano aman el fútbol “por encima de todo, y está el hincha, que le inyecta a
un equipo su carga emocional”; hay “clubes representativos, orbitados por una
comunidad orgullosa, y clubes neoliberales, que han perdido la inocencia y son
multinacionales dirigidas por tiburones de las finanzas que, milagro del
fútbol, conservan apoyo popular”. El caso es que en esa “confusa mezcla de
pasión e intereses, al juego se le están saltando las costuras con una avalancha
de cambios que empiezan a resultar irritantes”. Tanto dinero suculento, y
fácil, generado por este espectáculo hace que el fútbol se llene de gente
adinerada que lo desconoce, lo cual produce un “diálogo de sordos” entre
quienes buscan beneficios inmediatos y quienes en realidad conocen el juego, lo
cual le lleva a Valdano a pensar que es hoy por hoy “un milagro del fútbol que,
cuando el balón echa a rodar, el juego nos siga fascinando”. Sin duda.
“Lejos de modernizarlo, yo seguiría cultivando su calidad de
juego primitivo y exageradamente humano, base de su éxito. Como esta teoría la
rechazan los tiburones de aguas profundas que se están apoderando del juego,
que al menos sobreviva una competición que nos recuerde de dónde venimos antes
de que el fútbol se extravíe para siempre."
El
asunto es saber si la función social del fútbol está por encima de intereses
exclusivamente económicos, si el fútbol es “un espectáculo que llena un cierto
vacío existencial, cuando no un lugar de expresión de nuestros instintos menos
civilizados”, si ese amor y ese odio que componen la pasión que es ,a su vez,
componente esencial del fútbol se imponen a negocio que “quiere civilizar el
fútbol” o si lo que sigue gobernándolo son las emociones, esas que logran que
“cuando empieza el partido los pacientes toman el mando del manicomio”.
Escribía
Valdano en los últimos meses de 2023 que “al fútbol atlético y metodológico que
le espera a este juego evolutivo” le están entrando las prisas, “como a todo”.
Y añadía que “si todo cambia, ¿por qué no lo va a hacer el fútbol, que siempre
ha espejado la sociedad?” El dineral que ganan los jugadores y el elevado
precio de las entradas a los estadios son signos evidentes de que el camino que
lleva tomando este juego universal no augura nada bueno respecto a la necesaria
comunidad entre el espectáculo y quienes lo viven y lo pagan. Ojalá ese cambio
le lleve al fútbol a seguir siendo algo apasionante con pretensiones de
belleza.
Si bien “el fútbol, un juego uniformizado por
efecto de la globalización, es cada día más deporte y menos juego; más
metodológico y menos instintivo; más inteligente y menos astuto”, no deberíamos
olvidar que “memoria y sueño son dos de los grandes materiales con los que está
hecho el fútbol”. Y, “aunque el dinero lo desclase, las polémicas lo
bastardeen, el método intente hacerlo contra intuitivo y la tecnología lo
invada, hay algo salvaje que pervive y le da autenticidad”. Porque “el brillo
de la modernidad no oculta la fuerza primitiva de un juego que sigue
contentando la trastienda animal que habita en todos nosotros. Por muy
amueblado que parezca el partido, siempre acecha el animal salvaje que provoca
emociones inigualables. En cada lugar arrastrando su ritmo, su historia, sus
raíces culturales. En todos los lugares con el mismo orgullo”.
Y en los primeros días de 2024, Valdano incidió en todo esto:
“El fútbol siempre ha
sido un fenómeno social, cultural, simbólico y, también, económico. El mundo
cambia y como lo que acelera esos cambios es el dinero hay que redefinir el
fútbol: un fenómeno económico y, también, social, cultural y simbólico”.
Como él, yo también me
pregunto “¿cómo mantendremos la viabilidad del fútbol para que siga siendo
rentable y, al tiempo, un bien comunitario que beneficie a todos? Si alguien
tiene la respuesta le ruego que me lo haga saber. Yo aún no la imagino”.
[Las citas de Jorge Valdano que acabas de leer están extraídas todas de su sección sabatina desde septiembre de 2018 en El País titulada ‘El juego infinito’]
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