“Pusiste la pelota por delante del miedo”.
Eso escribió sobre el fabuloso futbolista (también
entrenador) neerlandés Johan Cruyff el periodista y escritor español Rafa
Cabeleira, barcelonista de pro, que se reconoce como “una viuda del
cruyffismo”.
Yo tengo dicho que el fútbol es, entre otras complacencias, las piernas de Cruyff.
De mi adolescencia he escrito largo tendido. Verbi
gratia:
… la capilla ardiente de
Franco y Carrero voló, jugar a aventuras, Cruyff y el baile, Fred Astaire en la
tele, Jesús Hermida, la Luna y Armstrong en su escafandra llena de futuro, las
bolas y las chapas y la arena de los parques y el guardia municipal, marcas de
tabaco, Lark, Kaiser, Mencey, Lola, un canario y un pez en mi casa, una jaula y
una pecera, paradas bonitas en casa de Juli, su abuelo y El Retiro, un polo de
pela de palo y un corte de nata y fresa, jugar al látigo y la muerte de mi tío
Rafael, un murciélago fumando borracho, el olor a verano…
A otro barcelonista mayúsculo, grandísimo escritor y
periodista, Manuel Vázquez Montalbán, le leímos esto:
“Yo, que he visto regatear
a Kubala con las caderas, driblar de costado a Eulogio Martínez, a Di Stéfano
reinventarse el campo de fútbol con la imaginación o disfrazarse de poste, a
Cruyff marcar goles con el flequillo…”
El escritor mexicano Juan Villoro, siempre deslumbrado por “la renovada maravilla del fútbol”, realizó su propia selección de los 10 mejores dieces de la historia del fútbol, los 10 jugadores que mejor mejoraron a los demás, los 10 jugadores que si eran anulados por el rival su equipo sufría “muerte cerebral”. Lista arbitraria, como él mismo reconoce, en ella están únicamente futbolistas que él haya visto en acción, futbolistas que hechizaron la pelota: Didí (el Fundador), Pelé (el Rey), Bobby Charlton (el Resucitado), Overath (el Piloto), Cruyff (el Iluminado), Platini (el Arquitecto), Maradona (el Insurrecto), Baggio (el Fantasista), Zinedine Zidane (el Místico) y Messi (el Genio).
Cuando la muy controvertida Federación Internacional
de Historia y Estadística de Fútbol (IFFHS) votó en 1999 al mejor jugador del
siglo XX, Pelé ocupó el primer lugar, seguido de Johan Cruyff, Beckenbauer, Di
Stéfano y Maradona.
El entrenador Helenio Herrera, destacable figura del
ámbito futbolístico mundial en la segunda mitad del siglo XX, tenido por uno de
los sabios de este deporte, mantenía que “Cruyff no se parecía tanto a Pelé
como a Di Stéfano, pero a un nivel inferior. Di Stéfano ha sido el más grande
de todos los tiempos”.
Regateas quizás a la misma
muerte, con un balón en los pies eres casi un dios, bailará la esfera con el
beso de tu empeine, lo sabes desde que aprendiste la palabra fútbol, se vive
como se juega, se juega como se vive, sin asperezas de reptiles, con el espíritu
afable de los simios. Fintas al destino con tus caderas de plata, con esa
melena al viento pareces Cruyff pero finges el mar septentrional de Santillana,
el furor elegante de Pirri y su enhiesta actitud…
Después de airearle en algunos de mis escritos, me decidí finalmente a escribirle a Johan Cruyff un poema. Este:
Johan Cruyff elude la gloria
durante su pequeña eternidad de cigarros,
enarbola una de sus rodillas una canción,
una canción de amores perdidos.
Promesas sin un siempre en la tarde
de hierba esperando las esquinas
donde nadie nos ve,
la fatalidad de los penaltis.
Tobillos en un sueño
de gallina de piel,
bailando las certezas
por medio de engaños.
Nada supera a la fiebre
que con su rubia elegancia de callejón
encendía en cada pecho
aquel hombre llamado Johan Cruyff.
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