El futuro siempre está esperando, es como un jugador suplente al que su entrenador de fiebre nunca le pide que se prepare para saltar al césped a hacer las cosas que hacen los suplentes.
Futuro: esperanza de los creyentes, terror de los que
viven para vivir en plenitud el trauma y la pena y el olvido y la dureza de los
tiempos en que los dinosaurios dominaban la Tierra plenamente, como los
tiburones quieren ahora salir del todo del mar y esperar un breve instante de
siglos ensuciados a que la lava se haga porvenir y piedra pómez para imponernos
su caradura de triunfadores tramposos.
Para los creyentes como yo, se muestra espléndido a
veces el futuro, como un diamante con el alma de una mujer, como si no
habitáramos el sueño de un loco.
Para los otros, los que viven en plenitud el trauma y
la pena y el olvido, toda liebre que corretea ágil y discreta en medio del estrecho
valle ahora mismo acabará por no ser más que un vientre despanzurrado y unas
orejas muertas.
Y lo digo yo, que he visto el futuro (: es un crimen).
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