Un ángel menos, de Juan Carlos Suñén, vio la luz en 1989. Es un poemario difícil, en absoluto amable. Encontradizo, muy de poeta-poeta. Un libro de poesía de los que busca anclar cada poema en el pasado eterno de la poesía sin tiempo. Pero que sabe ser, a la vez, o eso creo, anhelante de futuro. Yo lo acabo de leer. Poco sabía de Suñén (que es o ha sido editor y es o ha sido crítico literario, también profesor de enseñanza superior, muy superior). Algo creo intuir ahora. De su poesía, quiero decir.
“Siete silencios por venir”. Y los puentes tendidos por el
poeta para llegar hasta ellos. De ahí el futuro.
Mi primer silencio de los siete de Suñén es todo esto, que no es su primer silencio (que se me perdone la profanación), que es sólo un poema verdaderamente como el cielo:
“El primer silencio pertenece
a los hombres que se hunden en
lo alto, a los hombres
tallados por la fascinación
de la música,
y a su paso se aparta el infinito
(mientras un hombre muere en
todas partes).
Conozco sólo tres profanaciones:
limpiar la superficie de un
espejo,
exhumar una hoguera,
ser un músico”.
¿“El corazón es un arbusto que crece a su pesar en el desierto corazón del universo”? La pregunta es mía, el verso de Suñén.
[...]
Me digo: los siete silencios han ido apareciendo ante tu estupor incorregible de quien desea ver en las palabras lo que la realidad no se atreve a mostrar. Y ya no están, ahora todo es ya silencio. El silencio de los ángeles solitarios, diezmados. Fin.
[arte de Jesús Mazarrón]
Este texto pertenece a mi artículo ‘Los siete silencios de Juan Carlos Suñén (Un ángel menos)’, publicado el 19 de noviembre de 2020 en Moon Magazine, que puedes leer completo EN ESTE ENLACE.
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