Poderoso caballero es don Dinero; POR Guillermo Jiménez

Como mi padre era de pueblo y no tuvo padre -o como si no lo hubiera tenido porque murió en la guerra (in)civil, cuando mi padre no tenía ni un año de edad-, tuvo una infancia diferente a la mía. O a la de mi hija. O a la del hijo de David Beckham, del que recuerdo que un día leí que cuando tenía dos o tres años le regalaron unas zapatillas de deporte que valían un millón de pesetas, y esas eran muchas pesetas para por ejemplo, el hijo de un parado. Y la infancia marca muchoO todo. Eso dicen.

Estoy leyendo un libro que según el autor está "basado en hechos reales". Transcurre en la España de principios de los años setenta. El protagonista principal, empresario, apremia a su primogénito para que cuando sea mayor, procure ganar cada día más y más dinero, aunque sea de manera "endogámica" y poco escrupulosa. Al niño al principio le da igual, pero cuando va creciendo, hace lo que ve y como lo que ve es fácil, pues nada, se pone a ganar cada vez más y más dinero. Utilizando todos los chanchullos habidos y por haber. No pasa nada. Es una novela.

Hace un par de años conocí a un señor, con estudios, que, en una conversación de bar, me dijo que él lo que hacía todas las mañanas, nada más levantarse, era pensar en cómo ganar más dinero que el día anterior, aunque el día anterior hubiera ganado indecentes cantidades de dinero. Y si tenía la suerte de humillar a los rivales -creo que era arquitecto- mejor que mejor. Cuando le dije que para mí el dinero era secundario, le caí bien porque pensaría que era millonario o algo peor. Cuando le dije en qué trabajaba, me dio la espalda literalmente y se puso a hablar con otro pardillo o "mindundi". Me hizo gracia y me dije que, aun así, seguía en la misma barra de bar que yo, él con su caña de cerveza recalentada (llevaba media hora con la misma, supongo que para "condurarla" y para ahorrarse unos eurillos) y yo, generoso, invité a cerveza a uno que pasaba por allí. Pensé que algún día escribiría sobre esta anécdota y que, despilfarrando así el dinero, me pasaría como a los protagonistas de uno de los primeros relatos escritos por el ingeniero de caminos llamado Juan Benet y titulado "Nunca llegarás a nada".

El otro día, hablando con un chaval que está empezando la crisis de los sesenta, me dijo que, aunque quería mucho a su mujer y aunque él estaba bien situado económicamente, si lo hubiera sabido, de joven hubiera buscado a la más rica el pueblo y se hubiera casado con ella, así, sin escrúpulos, y que entonces podría haber alcanzado la felicidad.
Ya sé que me estoy metiendo en un berenjenal del que puede ser difícil de salir, pero resumiendo, solo quería indicar que parece ser que y según Sabina, ese que canta, "el único dios verdadero es don dinero", porque el dinero es lo único que nos salva y nos llena de orgullo y dignidad.
Yo que si soy algo en esta vida es utópico y poco más, y haciendo caso omiso a las tres o cuatro veces -ya- que me han dicho que no hable de política porque tengo "dinero fijo" todos los meses, lo mismo algún día me da por contar mis teorías utópicas y absurdas relacionadas con que lo ideal sería tener las necesidades básicas cubiertas y poco más y cómo saber hasta cuánto dinero cuesta -no mucho- tener las necesidades básicas cubiertas y que la clave está en las leyes de Educación, sí, esas que empeoran la democracia y hacen que aumenten las desigualdades -un tema curioso y que quizás sea primero ideológico y después económico- porque no dan ni votos ni resultados a corto plazo.

Pero siguiendo con el dinero, ya lo dijo el listillo, genial, juerguista, vividor y escritor llamado Francisco de Quevedo, ese que sale en alguna novela del Alatriste de Pérez-Reverte, allá por mil seiscientos y poco (hace cuatrocientos años): "Y pues es quien hace iguales al rico y al pordiosero, poderoso caballero es don Dinero". O mejor y más reciente, como gritaban los Obús: "Dinero, dinero, en mi cabeza constante estás. Dinero, dineroooo...".

Aunque ahora que lo pienso, escribiendo de política y de dinero lo único que conseguiré es aburrir y aburrirme, así es que lo mismo me dedico a contar que mi padre nació en 1937 y que siendo hijo único y de madre viuda de guerra, no le enseñaron a amasar cuánto más dinero mejor, aunque avasallara y humillara por doquier, ni le compraron, zapatillas de deporte que valían un millón de pesetas, pero esa es otra historia.

Comentarios

  1. La pobreza y la riqueza son algo cambiante ... Hay pobres muy ricos y ricos muy pobres.

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