Iba a hacer un fino análisis
de la figura del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pero me
resulta imposible, y es que todo en él es de arpillera y acero rugoso, de
terrón nauseabundo de barro en un desierto mediocre y patán, todo en él es de
ese aborrecedor regusto que deja la amargura de lo cruel, de lo dañino y lo
idiota. Iba a hacer ese fino análisis, pero tras escrutar lo que es Trump y lo
que supone su victoria y lo que es que haya tanta gente que vea en él alguien
en quien merece la pena confiar sus mañanas, tras discernir qué supone en mi
universo mental ese individuo peligroso en su estúpida estulticia armada y
consentida llego a la conclusión de que no puedo hacer un fino análisis de su
figura.
Ni uno grueso.
Trump tiene llena de mierda
la boca como la historia de los países de mierda que llenan su
boca de mierda, como el pasado de mierda de los países de mierda que llenan con
su pobreza de riqueza el país de mierda capaz de elegir a un tipo de mierda del
que sólo cabe esperar que alguien le denuncie por un acoso sexual de mierda
para que su autoridad de mierda acabe por fin y de una vez por todas en una
cárcel de mierda de ese país de mierda suyo repleto de la mierda de Trump.
Trump, me avasallas
siempre,
eres como un latigazo
idiota,
como una estúpida
alimañita,
eres un flequillo
terrible
y zafio,
un adoquín poderoso,
adinerado,
zopenco, atronador,
Trump,
suenas a trueno imbécil,
a tubo de escape
maniático,
cerril,
me duele tu rostro
de perdona vidas,
tus manos de
manoseador avaro,
de rico de hojalata,
me dueles por completo,
me aterras
y me mondo
si no te atiendo,
y eso que no tienes
ni maldita sea la gracia,
malvado maldito
ignorante
que todo lo puede saber,
pero que sólo
sabe los trucos
para ganar y ganar
y ganar,
tramposo adorador
adorado por la estulticia,
contigo
Don Dinero
es una birria suicida
y final,
Trump,
ojalá te quedaras
sin el aire
que no mereces.
los indios cherokees o cheroquis
o como se escriban,
los indios esos
campaban a sus anchas
en el Lejano Oeste,
en las Grandes Llanuras,
en las inmensas
praderas del destino manifiesto,
las de la América
para los americanos,
las tierras donde iba
a acabar naciendo Trump
para joderlo todo,
cuando a los indios
cherokees o cheroquis
o como se escriban
ya no les quedaban
ganas ni de freír más pan
porque de las
leyendas negras
nosotros los
españoles vamos bien servidos,
nos pintamos solos,
no necesitamos a
nadie,
sólo quien nos las
escriba.
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