¿Es conveniente dejarnos a nosotros espectadores, lectores en el caso de la literatura, todo el peso de trazar los hilvanes y las costuras del espíritu íntimo de lo que nos cuentan las películas, las novelas?
Hay películas que son un entramado delicado y hermoso y difícil y terrible que están al borde de ser, o lo son, una obra genial que nos conmueva sin necesidad de que nosotros tengamos que hacer otra cosa que contemplarlas.
También existen otras que son capaces de todo eso pero a cambio de que nosotros los espectadores pongamos nuestra alma y nuestro cerebro en su urdimbre para poder disfrutarlas en plenitud.
Magical girl es de las últimas, una obra de arte a la que la faltan piezas. Una pieza.
Su dirección artística es magnífica y las interpretaciones memorables, especialmente la de un José Sacristán a la altura del gigante que es.
Carlos Vermut, molas.
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