La saña de la memoria aprendida, las vísceras imaginadas,
todo aquello de lo que se saca lo peor de nosotros mismos
y algunos convierten en heraldos de un futuro digno y justo,
de una dignidad escalofriante,
El olvido olvidado para hacer oscilar la guadaña
sobre las víctimas de los demás,
sobre la realidad apesadumbrada,
siempre desconsolada.
El perdón como palabra prohibida
y la misericordia labrada en una piedra lunar,
mortífera y mórbida,
amortiguada por el deseo que inventa el pasado,
ese lugar donde los únicos buenos
siempre encuentran lo que les calma al aterrarles.
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