Quienes mataron en los años de plomo de nuestra democracia
eran vascos y lo hacían porque eran vascos. Y se creían que ser vascos les
permitía actuar así, ajenos a los escrúpulos de los seres humanos que son
incapaces de matar, porque otros vascos se lo hicieron creer.
Quienes mataron aquel día de hace años en Madriz y hace dos
días en Cataluña eran musulmanes y lo hacían porque eran musulmanes. Y se
creían que ser musulmanes les permitía actuar así, ajenos a los escrúpulos de
los seres humanos que son incapaces de matar, porque otros musulmanes se lo
hicieron creer.
Es evidente que no necesito matizar que los vascos no son
asesinos como no lo son los musulmanes, que es imposible que un conjunto de
personas nacidas en un lugar sea por completo un ente aberrante
incapaz de negarse a usar el asesinato para conseguir sus fines, sean estos
cualesquiera; que es imposible que un conjunto de personas adoradoras de un
dios sea por completo un ente aberrante incapaz de negarse a usar el
asesinato para conseguir sus fines, sean estos cualesquiera.
Pero aquéllos eran vascos y éstos musulmanes, como eran
cristianos los que despreciaron la esencia del cristianismo cuando decidieron
llamar Cruzada, y ejercerla, a la lucha contra los españoles que querían
defenderse de un golpe de Estado antidemocrático. Como eran alemanes quienes
quisieron esparcir su abominable idea del mundo a costa de la vida de millones
de personas a las que ni siquiera consideraban seres humanos.
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