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El cautivo no cautiva


El cautivo
es el octavo largometraje del cineasta español Alejandro Amenábar, escrito (como es habitual en su filmografía) por él mismo basada en una historia ideada también por él pero junto con Alejandro Hernández, basada en una peculiar y a menudo muy interesante lectura de la biografía de uno de los principales protagonistas de las letras españoles, el escritor Miguel de Cervantes, de lo poco que se sabe de su vida. Es un filme arriesgado, creo que como todo el cine de Almodóvar que, aquí, compone hasta su música (algo que ya había hecho antes). Y, claro, el riesgo tiene su cosas. Buenas y malas. Como cualquier actitud ante las propuestas artísticas.


Estrenada en 2025, con una duración que supera las dos horas en trece minutos, un tiempo que acabó por agotarme, me gustó mucho de ella la interpretación de su protagonista, el para mí desconocido actor Julio Peña, un más que solvente Cervantes disfrutón contador de historias, bien acompañado por el italiano Alessandro Borghi y sobre todo por los también españoles Miguel Rellán, Fernando Tejero, José Manuel Poga, Luis Callejo, Roberto Álamo y César Sarachu. Extraordinaria es en todo momento la fotografía de Alex Catalán.

El cautivo se alzó con el Premio del Público en los Premios Forqué.

Me quedo con lo que escribiera en El Mundo el crítico cinematográfico Luis Martínez, aquello de que en El cautivo Amenábar “rellena los huecos de la biografía del autor del Quijote con una fascinante, pese a sus dudas, película de aventuras, de liberación sexual y sobre el sentido de la ficción”. Cambiaría lo de fascinante por entretenida.

Estoy, no obstante, con Carlos Boyero cuando escribió en El País que el hecho de que esté “muy bien rodada” no sirve para nada si no te despierta emociones. Ni a él ni a mí nos despertaron ninguna.

Finalmente, creo como Quim Casas, el crítico de El Periódico, que en esta fantasía “provocadora, polémica si se quiere”, que no es en modo alguno un biopic, Amenábar “pierde de vista aquello que da fuerza al filme en su primera mitad: el cuento, el relato, la invención, como motor de todas las cosas” cuando se centra en lo que al parecer más le interesa (eso lo digo yo): la relación homosexual de Cervantes con su captor.

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