La décima novela de la escritora francesa Delphine de Vigan se titula Les gratitudes, fue publicada en 2019 y traducida espléndidamente a mi idioma dos años después por Pablo Martín Sánchez como Las gratitudes.
Un hermoso y certero título, porque Las gratitudes es un agradecimiento en forma de hermosa y conmovedora novela a la dignidad, una loa al agradecimiento, un bello libro que casi podemos leer como un poema pero que es constantemente una novela, una narración con más verdad que la verdad.
“¿Os habéis
preguntado alguna vez cuántas veces al día dais las gracias? […] ¿Os habéis
preguntado alguna vez cuántas veces en la vida habéis dado realmente las
gracias? Unas gracias sinceras. La expresión de vuestra gratitud, de vuestro
agradecimiento, de vuestra deuda”.
He vuelto a llorar al acabar de leer
un libro, quede constancia. Cada vez me ocurre más a menudo. Debe ser la edad, la
vejez, que al fin y al cabo es una de las protagonistas de Las
gratitudes. Junto a la gratitud.
“—¿Por qué dices
«la gente mayor»? Deberías decir «los viejos». No está mal «los viejos»”.
Bien lo sabe la protagonista, una
anciana judía (Michèle Seld, a la que quienes la conocen llaman Michka) que
sufrió la brutalidad del Holocausto al perder a su familia asesinada por el
nazismo, que es consciente de “el fin se acerca”, refiriéndose al “final de
la mente”, cuando “las palabras echan a volar”. Antes, a veces mucho antes
de que llegue “el fin del cuerpo”. Porque “sin el lenguaje, ¿qué nos queda?”.
“—Es
por culpa de las palabras, ya te lo he dicho. De noche se… se agazapan… se
pierden, cuando no consigo dormir se enfugan, se desfuman, es justo en ese
momento, estoy segura, pero no hay nada que hacer, vagones enteros a toda
velocidad, no puede hacerse nada contra eso, ya te lo digo yo, ni siquiera el
loco… el gogo… el logo…
—¿El
logopeda?
—Sí,
me lo ha dicho él. Los estropicios no sirven de nada cuando se llega a mi
punto”.
La novela de Delphine de Vigan nos enseña, nos recuerda que “envejecer es aprender a perder”. Envejecer es ver cómo “ya no hay nada en la columna de las ganancias”, una cascada más o menos lenta de deterioros, de déficits, de degradaciones.
“Perder
lo que te han dado, lo que te has ganado, lo que te merecías, aquello por lo
que luchaste, lo que pensabas que nunca perderías.
Readaptarse.
Reorganizarse.
Apañárselas.
No
darle importancia.
No
tener ya nada que perder”.
Pero
en Las gratitudes no solamente hay derrota, pérdida, dolor, trauma
(mucho trauma), sino también esperanza en lo mejor de los seres humanos, la
solidaridad, el amor, la ética… Agradecimiento. Y Delphine de Vigan se vale de
un estilo sencillo, reposado, de una delicadeza inusual pero hermosa. Su
escritura ampara un tipo de literatura aparentemente naif que es puro
sentimiento apaciguador, profundamente humano. El tipo de literatura ideal para
reivindicar que al mal hay que decirle siempre NO, sin presumir de ello. No
necesitarás elegir si decirle SÍ o decirle NO. Siempre No, sin alharacas.
“La dignidad ante todo”.


Comentarios
Publicar un comentario
Se eliminarán los comentarios maleducados o emitidos por personas con seudónimos que les oculten.