Nacido en Málaga el 8 de febrero de 1828, Antonio Cánovas del Castillo fue un político, escritor e historiador, presidente del Ministerio-Regencia que aguardaba la llegada de Alfonso XII, seis veces presidente del Gobierno, varias veces ministro, forjador del sistema político de la Restauración, referente hasta nuestros días del conservadurismo español.
Además perteneció a la Real Academia Española, a la Real Academia de
Ciencias Morales y Políticas y
a la de de Bellas Artes de San
Fernando, pero asimismo dirigió
la Real Academia de la
Historia y presidió la
de Jurisprudencia y
Legislación.
Bajo la protección de un primo de su madre, el
escritor y político liberal Serafín
Estébanez Calderón (de
quien décadas después escribirá una biografía), en 1845 se fue a vivir a
Madrid, donde seis años más tarde se licenció en Derecho.
Su vocación de historiador tuvo como caldo de cultivo el ambiente intelectual donde se movía Estébanez. Especializado en la Casa de Austria, destacan en ese sentido sus obras Historia de la decadencia de España desde Felipe III hasta Carlos II (1854) y Estudios del reinado de Felipe IV (1888).
De la historia llegará a decir que le llevó a la
política, y así le vemos ya en julio de 1854 como miembro de la tendencia puritana del Partido Moderado redactando el texto del Manifiesto de Manzanares, que comunicaba un programa político progresista para avalar el
pronunciamiento de Leopoldo
O’Donnell −un general que
se encontraba a medio camino del progresismo y del moderantismo− que inauguraba
el llamado Bienio Progresista.
Diputado en las Cortes Constituyentes de ese año, una
década después, ya bajo los gabinetes de la Unión Liberal de
O’Donnell o de sus afines, fue ministro de Gobernación (marzo-septiembre de
1864) y ministro de Ultramar (junio de 1865-julio de 1866).
Destronada la reina Isabel II en
1868, a lo largo del Sexenio
Democrático buscó el
regreso de los Borbones y fue pergeñando la idea de un sistema político liberal, sin los excesos republicanos y demócratas, en el
que el hijo de aquélla, Alfonso, ejerciera como monarca constitucional con el
poder depositado en una soberanía
compartida.
La exiliada reina Isabel II, que había abdicado en
1870 en Alfonso, le puso en 1873 al frente de la defensa de los derechos
políticos de la Casa de Borbón, de manera que llegados al final del Sexenio, en
el momento en el que Alfonso XII era proclamado rey de España ante las Cortes
en enero de 1875 tras el pronunciamiento del general Arsenio Martínez Campos, Cánovas se convertía en la principal figura política del nuevo régimen, del periodo al que
se llamará Restauración, y de
hecho había presidido el Ministerio-Regencia que ejerciera la jefatura del
Estado hasta la llegada del monarca a principios de ese año 75.
Asimismo, estuvo al frente del primero, el tercero y
el quinto Gobierno del régimen (enero de 1875-febrero de 1881, salvo entre
septiembre y diciembre del año 75 y entre marzo y diciembre del 79). Diseñó un
sistema, cuyo eje sería la moderada Constitución
de 1876, en el que lo esencial
sería a partir de 1881 el llamado turnismo, esto es, el
reparto alternativo del poder entre dos partidos principales, uno conservador,
el suyo, y otro progresista que daría en ser el liberal, liderado por Práxedes Mateo Sagasta.
Luego de que volviera a desempeñar el cargo de
presidente del Gobierno (enero de 1884-noviembre de 1885), se estableció entre
Cánovas y Sagasta el denominado Pacto
de El Pardo a raíz del
fallecimiento en 1885 de Alfonso XII. Pero no nos engañemos, el turnismo
funcionaba gracias al falseamiento electoral al que llamamos caciquismo.
Nuevamente al frente del poder ejecutivo entre julio
de 1890 y diciembre de 1892, y, por última vez, desde marzo de 1895, el año en
que comenzaba la que sería guerra
de la Independencia cubana, la
última de las Guerras de Cuba, Cánovas murió asesinado el 8 de agosto de 1897 por
tres disparos efectuados por el anarquista italiano Michele Angiolillo,
cuando se hallaba descansando en el balneario guipuzcoano de Santa Águeda, en
Mondragón.
[Este artículo apareció publicado por vez primera el 17
de marzo de 2014 en la revista digital Anatomía de la Historia que yo
dirigí.]


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