El tercer libro que leo del gran escritor argentino Osvaldo Soriano es una novela, la segunda suya, publicada en 1978 y titulada No habrá más penas ni olvido, como uno de los versos, el tercero, de la canción Mi Buenos Aires querido¸ un tango que cantara en 1934 Carlos Gardel compuesto por él mismo con música de Alfredo Le Pera.
“Mi
Buenos Aires querido,
cuando yo te
vuelva a ver
no habrás más pena
ni olvido”.
La novela no encontró acomodo editorial hasta 1978, ya fuera de Argentina, como fuera de Argentina se hallaba exiliado el propio autor, pero había sido escrita cuatro años antes, cuando la dictadura militar de aquellos tiempos aún no había llegado, pero se la veía venir, como acaba por mostrar el libro, que es una vertiginosa joya literaria de primerísimo nivel.
La acción de No habrá más
penas ni olvido transcurre durante el último gobierno de Juan Domingo
Perón, entre octubre de 1973 y julio de 1974.
En la edición que yo he leído, el
intelectual argentino Juan Pablo Feinmann escribe un brillante y
esclarecedor prólogo, firmado en 2003, que yo recomiendo leer tras leer la
novela, claro, decía de No habrá más penas ni olvido que es un libro que
“noqueaba, noquea y seguirá noqueando”, y lo primero que llamaba esa poderosa
atención que concitaba “era la asimetría entre la dimensión de la tragedia
narrada y el minimalismo de los recursos narrativos”. Así es, ahí está su
grandeza. Porque Soriano aquí “escribe como si corriera”, narrando “lo
excesivo” sin aspavientos de grandeza impostada, con la sencillez únicamente al
alcance, esto es mío, de los verdaderamente dotados de la auténtica grandeza
(literaria). Con la altura de quien, como escribe Feinmann, “narra la imposible
comprensión de lo incomprensible”.
El gran protagonista de la novela es
alguien que no aparece en ella, Perón (“el Ausente ocupa el lugar de
Dios” en el libro, leemos en este preámbulo). Perón y el peronismo. No
olvidemos, que como apunta el prologuista, “ser peronista es no elegir”.
“¿Por qué pedirle
un sentido al peronismo si la historia misma no lo tiene?”
Soriano no se limita a narrar, a
dejarnos ante todos esos personajes, él acaba eligiendo a los suyos, “a los que
él ama”. Y nosotros con él.
Si entramos en la harina de esta
brevísima novela, enseguida le escuchamos decir a su protagonista, Ignacio
Fuentes, eso de “A mí me van a enseñar a ser peronista”, y… ya hemos
llegado, en medio del jaleo permanente de violencia a veces cómica, pero
siempre eso, violencia, el intrincado mundo argentino peculiar y chalado de su
siglo XX. Aquí leemos aquello que también se sabe que le dijo Franco a un
periodista, lo de hagacomotoynosemetaenpolítica. El personaje de Soriano
lo que dice, eso sí, exactamente es:
“Pero si yo
siempre fui peronista… nunca me metí en política”.
Dar la vida por Perón y preguntarse,
como el protagonista, “¿Qué estará haciendo Perón ahora?”
Sobrecoge la frase final de la
novela:
“Un día
peronista”.
Y sobrecoge saber que lo siguiente
sea que llegue el Ejército. Que llegará. Que llegó.
Sobre la película argentina No habrá más penas ni olvido, que adaptó la novela de Soriano, dirigida por Héctor Olivera (que escribió su guion junto a Roberto Cossa) y protagonizada por Federico Luppi, poco puedo decir. La vi después de leer el libro y, a diferencia de la novela de Soriano, la película de 1983 no ha aguantado el paso del tiempo. Parece que uno asiste a un ejercicio de aprendizaje cinematográfico llevado a cabo por estudiantes primerizos.


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