Senderos de gloria, de Stanley Kubrick, una joya doble; POR José Antonio Vidal Castaño y Juan Carlos Herrera Hermosilla
¿Por qué Senderos de gloria, de Stanley Kubrick, es, además de una joya cinematográfica, una joya historiográfica?
“La cita del doctor Samuel Johnson “El patriotismo es el
último refugio de los canallas”, que el coronel Dax (Kirk Douglas) le lanza al
general Paul Mireau (George Macready) podría resumir el mensaje de Senderos
de gloria (1957) de Stanley Kubrick.
[…]
La secuencia final de la película, en la que una muchacha
alemana es obligada por el dueño de la cantina a cantar para las tropas
francesas, es la única que tiene una misteriosa belleza redentora, al mostrar
la compasión de los duros soldados mientras escuchan la canción. La inicial
burla del enemigo alemán, siempre un fantasma que no aparece en ningún momento
de la película, simbolizada en la angustia de la camarera de la cantina que
canta entre lágrimas Der treue Husar (“El fiel húsar”), contagia de dolor a una
tropa que tararea la canción, como una mínima isla de paz antes de regresar al
frente, a las trincheras donde abrazar la muerte”.
Juan Carlos Herrera Hermosilla
“Senderos de gloria es la mejor película histórica del
cine mundial porque, entre otras cosas, no pretende ser una lección de
historia; no pretende emular o imitar a la historia ni a los historiadores, no
busca documentar un episodio de la “Gran Guerra” (1914-1918), ni siquiera es un
alegato antibeliscista, que si lo es, al uso. La ausencia total de pedagogía
histórica, de tentaciones historiográficas es lo que hace a este film bélico
(esto sí), posiblemente, el mejor film histórico de la historia del cine.
[…]
Primero una atenta lectura de la novela de Humprey Cobb
(1935), inspirada en la historia real de cinco soldados fusilados en 1915 por
traición y luego exonerados. Luego la construcción de un guión, con la ayuda de
Jim Thompson, autor de El asesino dentro de mí y 1.280 almas -dos
obras maestras-, que no da respiro al espectador.
Finalmente, un rodaje complicado en Alemania. Kubrick tuvo
que explicar los movimientos giratorios de cámara que usó en homenaje a un
señor llamado Ophüls, inventor del barroco en el cine o algo así, y que la
cámara era, en esta película, el ojo del espectador que trata de anticiparse a
los hechos, que los acepta o rechaza según le van afectando. Todo muy sencillo
y muy complejo a la vez. Kubrick no desmenuza hechos ni documenta el pasado,
misión del historiador; ilustra sentimientos a través de personajes para filmar
la mejor película histórica que he visto hasta la fecha”.
José
Antonio Vidal Castaño
[ESTE ARTÍCULO APARECIÓ EN ANATOMÍA
DE LA HISTORIA POR VEZ PRIMERA EL 2 de noviembre
de 2015 y puedes leerlo completo AQUÍ]


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