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A propósito del oficio de historiador: otra vez la Guerra Civil española

Sí se puede justificar el golpe de Estado causante de la Guerra Civil española del siglo XX como algo gestado a raíz de la revolución social y la nacionalista catalana de octubre de 1934. Y se puede porque hay quien lo hizo para perpetrarlo y hay quien lo hace para explicarlo. Otra cosa es que se deba, no desde luego para explicarlo únicamente desde esa perspectiva motora.

Aquello que aconteció en julio de 1936 no fue un asunto de extraterrestres, algo que algunos historiadores olvidan a menudo para caer precisamente en el lado contrario de quienes consideran que los antecedentes justificativos de aquella sublevación se remontan a 1934, incluso a 1931, qué digo, hasta la Ilustración del XVIII se retrotraen.

En cualquier caso, conviene saber qué justificación usaron los rebeldes para rebelarse, no sólo calibrar la categoría moral de su rebelión. De hecho, esto último no es únicamente un asunto de historiadores, aunque sí de los ciudadanos que los historiadores somos. Lo otro, comprender y explicar lo que comprendemos, sí que es un asunto de historiadores, absolutamente lo es.

Octubre de 1934 les dio la fuerza moral que creían necesitar a quienes buscaban la destrucción de la República desde su implantación tres años antes. Es decir, octubre del 34 es una causa nada desdeñable de las muchas que acabaron por dar en una guerra civil donde los sublevados tenían todas las de ganar. 1934 explica históricamente y justifica ideológicamente. Le explica a la sociedad civil lo que pasó, por qué pasó, y justifica a los perpetradores del golpe de Estado ante sí mismos y quienes con ellos estaban y están.

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