Siguen los
muertos ahí, quietos, esperando. Los enterrados, los muertos por enterrar, los
asesinados recientes. Los sacados de la vida antes de nacer casi todos nosotros
y los que hemos visto morir prácticamente en nuestros brazos. Todos los muertos
son un solo muerto y son, cada uno de ellos, muertos a la espera de una
autopsia. La autopsia de la Historia, todos. La autopsia de la realidad, los
muertos más recientes para la muerte. Si hay unos muertos, siempre hay otros
muertos. Incluso aunque no los haya, hay muertos. Muertos de una guerra
(in)civil, muertos del terror. Muertos sin morir del todo y muertos para
siempre. En este país de países, no somos capaces de quitarnos la muerte de
encima. Pero una cosa ha de quedar clara, en este país de países, a la hora de
usar a los muertos, para bien o para mal, hay tres tipos de muertos: los
ensalzados, los derrotados y los que no han servido para nada. Démosles (para)
siempre, a todos, la sepultura de la verdad. No sé si me explico.
Tengo siete libros publicados, también escribo mi segunda novela. Me gusta (mucho) Nacho Vegas, Jonathan Coe, Rodrigo Sorogoyen, MARGA y reírme. Dijeron que era un agitador cultural, pero lo que prefiero ver escrito sobre mí es eso, que soy un escritor. Ibáñez escribe.

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