Europa es Grecia, Roma y
Jerusalén. Fue. Es. No será. No será más Roma, Grecia… ¿Qué queda en Europa,
en Occidente, del legado cristiano?
Isaack van Ostade: Río helado, con patinaje en pareja (1644)
Expulsado
Dios al exilio desde la Ilustración, el cosmos no es más que un organismo, una
máquina, y el ser (solamente) la voluntad de poder.
Muerto
Dios, hoy es la Nada nuestro nuevo ídolo. Somos sombras entre fantasmas, un
instante a punto del desvanecimiento. El resto es silencio. No el de los
poetas, sino el de las criptas.
Pero
sigue siendo “una presunción absurda creer que no hay nada más allá”: tienes
razón, Rafael Narbona; la tenéis tú y tu sensibilidad espiritual que
nunca se disuelve (del todo) en la razón. Según leo estos días en tu
maravilloso libro Maestros de la felicidad.
Hace algún tiempo yo escribí este poema:
Ese diseño inteligente,
ese ser dios y no serlo,
ese ver en un gorrión el
alma de las estrellas,
ese escuchar el agua, ese
ser animal y no serlo,
ese ver en un gorrión un
ave pequeña común,
ese buscar a los dioses
en el reflejo de un ojo,
ese saberse tan humano
que nos espante la magia.
Y, mientras tanto, “bailar sirve para olvidar la
vergüenza de estar vivo” (como cantan Galerna en su San Lorenzo).
Pero esto no queda aquí…
Uno de los personajes de la extraordinaria y reciente novela de Ian McEwan Lecciones es Daphne. Me interesa ahora destacar su reflexión sobre el daño infligido por el cristianismo a la cultura occidental (una reflexión que le hace al protagonista mientras ella misma “se está dejando morir”; siento el spoiler):
Este texto pertenece a mi artículo ‘¿Es una presunción absurda creer que no hay nada más allá?’, que fue publicado el 10 de marzo de 2024 en Cualia.
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