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Judy Zellweger y la oscuridad de Oz


La película británica Judy no es un biopic estrictamente. Tampoco es una gran película, aunque tiene ademanes de ello, sobre todo por la interpretación de su protagonista, una Renée Zellweger espléndida que en aquel año 2019 se llevó los más importantes premios a la mejor actriz de la industria cinematográfica (el Oscar, el Globo de Oro y el BAFTA, por ejemplo).

En sus dos horas de duración, que se hacen algo largas, a mí al menos se me hizo ese metraje excesivo, el director británico Rupert Goold no es capaz de aprovechar ni la hermosa fotografía de Ole Bratt Birkeland ni la adaptación que el guionista Tom Edge hizo de un libro de Peter Quilter en el que se narran los penúltimos días de la gloriosa y atormentada actriz y cantante que fue Judy Garland. Lo de penúltimos lo digo porque, seis meses después del momento con el que acaba la película, Garland aparecería muerta repleta de barbitúricos.


Todo o casi todo debió ser excesivo en la vida de aquel mito, bastante terrible y muy poco dado al entusiasmo, más allá de sus canciones y sus películas (y sus tres hijos). En cualquier caso, opino casi exactamente igual que como lo hizo Carlos Boyero para El País en su momento: "todo es angustia (...) no logro sentirme cómplice de tanto sentimiento desbordado. El trabajo del director Rupert Goold es correcto y también frío. Ninguno de los personajes me apasiona. Contemplo esta tragedia desde fuera, sin entrar en ella."

Y aquellas canciones que parecía que uno se las inventaba mientras las cantaba…

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