Mi amigo Alberto Masa escribe "cosas que hacen de alguien patriarca de
una tormenta" (no lo digo yo, lo dice él, pero él no sabe que habla de sí
mismo), las escribe como si el mundo se hubiera acabado y él ya lo supiera pero
no le diera importancia, como si no hubiera más lector en el mundo que quien se
deja arañar suavemente por el negro
terciopelo de sus palabras acolchadas, escribe como si la novela que
escribe no fuera una novela ni dejara de serlo mientras penetra en la
conciencia consciente de quien le lee a él, al mismo Alberto Masa que se duele
un poquito y nos agrede un poquito en la trama de instantes siguiente a ese
instante en el que el mundo ya se ha desmoronado y sólo él y quien le lee
sabe(mos) que nada de lo que haya ocurrido ha tenido lugar.
Este texto es parte del artículo que
escribí para Nueva Tribuna titulado 'El descanso después del fin del mundo: Alberto Masa, escritor', sobre el
libro Confesiones de un hombre raquítico (Eolas Ediciones, 2016).
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