En 2016, la editorial Akal publicó También nos roban el fútbol, un libro escrito por el entrenador y psicopedagogo Ángel Cappa y su hija, la periodista María Cappa. Las dos citas que abren su introducción son toda una declaración de intenciones. Una es del escritor y economista español José Luis Sampedro, la primera, y la otra del papa Francisco:
“El capitalismo es un sistema agotador”.
“El capitalismo utiliza el capital para someter y oprimir al hombre”.
Esa introducción se cierra con este esclarecedor párrafo:
“En este libro
nos ocupamos del fútbol y de cómo el negocio le introdujo su lógica
empresarial para desvirtuarlo y convertirlo en una mercancía de gran
rentabilidad. A medida que íbamos consultando documentos, comprobando
evidencias y comparando valores de un antes y un después, advertimos las
consecuencias altamente negativas que esta intromisión del dinero a gran escala
produjo en el juego, en los jugadores y en el público. En definitiva, que
también nos roban el fútbol. No hemos descubierto nada que no se sepa, seguramente,
pero hemos reunido todos los datos que consideramos importantes y así ponerle
nombre a lo que nos destruye como decía Vázquez Montalbán para
que eso nos ayude a defendernos”.
El fútbol es un mero objeto de consumo
Según los autores, “el fútbol nació en las calles” (algo bastante
discutible), pero ya en la década de los años 60 del siglo XX, más o menos, “el
negocio descubrió en el fútbol una fuente de ingresos abundantes e inagotable”.
De tal manera que hoy día ya sólo es útil ganar. Y, “si sólo sirve el resultado
final, nos quitan el mientras tanto; el presente ya no vale por sí
mismo, sino sólo si nos lleva a alguna parte y ese final, es el que dictará el éxito
o el fracaso”. Todo lo que no sea ganar es fracaso: “porque únicamente ganar
vende, y ahí tenemos al fútbol convertido totalmente en un objeto de consumo”.
Nos dicen los Cappa que “a los clubes les importan cada vez menos los hinchas,
sus simpatizantes, la gente a la que le interesa el juego”, y que lo que
descaradamente prefieren es a los clientes, “los que compran todo lo relativo a
los ídolos que fabrican los medios de comunicación y sus oficinas de
marketing”. Esa es la tesis central de También nos roban el fútbol.
“Cuando el fútbol
no estaba infectado aún del resultadismo excluyente del que lo contagió
el negocio, era frecuente ver en los vestuarios de los clubes de todo el mundo
un cartel con una pelota y un consejo para los jugadores: trátela con cariño.
Ahora, convertida en una herramienta de trabajo, es más difícil aplicarlo: por
eso ya no existen esos carteles”
Ángel y María Cappa (que utilizan como título de uno de los epígrafes de su libro una frase que al parecer dijo en el siglo IV san Juan Crisóstomo: “todo rico es un ladrón o el heredero de un ladrón”) se dejan llevar de vez en cuando, como no podía ser otra forma en un libro de estas características (unidireccional, sin medias tintas), y son capaces de afirmar lo siguiente:
“En el caso de
América Latina, la popularización del fútbol generaba además en los colonizados
el orgullo de poder vencer a sus conquistadores en un ámbito en el que competían
de igual a igual”
Sic y resic.
La intromisión de la política y la negociación en el joven fútbol lo
depreciaron. ¿Y cómo no? Los aficionados acabaron por ser desposeídos del
fútbol. Se lo robaron. (Por cierto, uno de los epígrafes del libro de los
Cappa se titula ‘La televisión se adueña del fútbol’.):
“A partir de
los años 70, los medios pasan de ser vehículos de información sobre acontecimientos
deportivos a creadores de un espectáculo que tiene el fútbol como base de sus
nuevas ofertas de entretenimiento; esto a su vez convierte a los aficionados en
espectadores que cada vez participan menos y se limitan más a contemplar el
espectáculo que otros han inventado para ellos. […]
Ya no son
hinchas, personas vinculadas emocionalmente con el equipo de su barrio que les
pertenece y los representa, ahora son forofos pasivos respecto al juego y
clientes activos y solícitos para consumir todo lo que la televisión y las
empresas quieran venderles”.
Y más aún, en ese sentido:
“Tal y como
diversos estudios sociológicos y de marketing demuestran, el estado económico-financiero
de un club no influye en el sentimiento o la adhesión emocional de sus
aficionados. Las garantías que ofrece este mercado, y la principal diferencia
con otros sectores, es que el equipo de fútbol es insustituible y la fidelidad
de sus hinchas incuestionable, lo que hace de ellos clientes leales. Y es en
esa premisa en la que se basa todo el modelo estratégico de las franquicias
deportivas: crean productos ligados a esa fidelidad emocional con el objetivo
de generar cada vez más ingresos con los que seguir invirtiendo en mejorar su
principal producto. Es decir, las empresas relacionadas directa o
indirectamente con el fútbol explotan y se aprovechan del aspecto más
vulnerable de las personas, sus emociones, para seguir acumulando dinero”.
Y, ahora, la exageración: “la televisión término de arrebatarle el fútbol a
sus aficionados: o me pagas o no ves jugar a tu equipo”.
Al hilo del saqueo moral que es el fútbol hoy en día, moral y económico, leo en También nos roban el fútbol que el fútbol profesional en España superó, en cuanto a impacto económico, los 7600 millones de euros en 2013, “lo que significa que a los futbolistas les correspondió el 16% del total: ¿a dónde va a parar el 84% restante generado por los jugadores?”
Es absolutamente evidente que la ultramercantilización del fútbol ha
acabado por producir lo que los Cappa llaman el vaciamiento de América
Latina, es decir, la casi absoluta esquilmación de la cantera futbolística
de uno de los dos principales continentes futbolísticos (América, léase sobre
todo ‘del Sur’) a cargo del otro (Europa).
Porque, como dicen los propios autores, el relato principal del libro (que
incluye un epígrafe titulado ‘La pobreza genera riqueza’), es “la
consolidación del fútbol como producto de mercado”.
"No es de extrañar
que el deporte ya forme parte de las diez industrias con mayor facturación del
mundo, junto con la alimentaria, la farmacéutica, la armamentística o el
narcotráfico, aunque ha sido la deportiva la que más ha aumentado en los últimos
años”.
Y llegamos a la FIFA, la Federación Internacional de Fútbol
Asociación, la institución que gobierna todas las federaciones de fútbol que
existen país a país.
“La FIFA representa
mejor que ninguna otra institución la esencia del neoliberalismo, del mismo
modo que nadie ha entendido mejor que sus altos mandatarios cuánto poder puede
llegar a tener el fútbol. Así lo confirmó João Havelange, presidente de
esta institución entre 1974 y 1998:
He ido a Rusia
dos veces invitado por Yeltsin. He estado en Polonia hablando con el
presidente. En el Mundial de Italia 90 me entrevisté tres veces con el papa. Cuando
voy a Arabia Saudí, el rey Fahd me da una espléndida bienvenida. En Bélgica,
tuve una entrevista de una hora y media con el rey Alberto. ¿Creen que un jefe
de Estado le dedica a todo ese tiempo o cualquiera? Eso es respeto. Ese es el
poder de la FIFA. Puedo hablar con cualquier presidente, pero les aseguro que
ellos están hablando con su homólogo en iguales condiciones. Ellos tienen su
poder y yo tengo el mío: el poder del fútbol, que es el más grande que
existe”.
A los “turbios manejos” de la FIFA y a la “corrupción estructural
y endémica” de dicha organización, así como a “su entramado criminal”,
se dedican en el libro 40 páginas: 40, que se dice pronto.
El fútbol moderno abomina de lo hermoso
El libro de María y Ángel Cappa se ocupa además de resaltar que el fútbol moderno está asesinando cuanto en el fútbol podría haber de bello, y supone una carrera constante hacia un fútbol en el que el trabajo prime sobre el talento. (Algo que por cierto cuadra mal con la mercantilización para el espectáculo del juego llamado fútbol). Un clásico, vaya. Así, de entre las muchas e interesantes (y bien traídas, claro) citas que adornan el libro, cabe destacar una atribuida al (exquisito) futbolista francés Robert Pirès, quien dijo que “se relaciona disfrutar con irresponsabilidad, cada uno tiene claro cuál es su responsabilidad: si disfrutas, rindes más. ¿No es eso ser responsable?”
Para los Cappa, el fútbol “es un hecho cultural en absoluto científico”, es
“un deporte opinable desde casi todos los puntos de vista”. Por eso
resulta incomprensible, dicen (aunque lo acaba siendo, digo), ese
cuantitativismo relacionado con la actividad productiva de los futbolistas para
que pueda ser analizada desde modelos matemáticos que miden su eficiencia.
En este sentido, Francisco Seirul·lo Vargas, preparador físico del
Barcelona entre 1994 y 2014, hablando del extraordinario futbolista Iniesta,
afirma que “su propia biología y práctica específica le ha posibilitado llegar
a donde ha llegado sin hacer nada de fuerza ni velocidad ni de resistencia ni
de flexibilidad. ¿Qué significa? Que siendo muy débil y muy poco resistente,
poco rápido y poco de todo, en el sentido de poco que tienen los
periodistas, ha optimizado sus estructuras cognitiva, coordinativa, emotiva…” Añade
Seirul·lo que lo único que Iniesta “necesita para superar a su oponente es
entender cómo es él mismo y lo que es capaz de proponer en su juego junto con
los demás compañeros de su equipo, y esa evaluación continua le da la
referencia de qué hacer para superarlo y crear situaciones desconocidas para él”.
Análisis, inteligencia, nada de vigor. ¿Es eso así? Sigo.
Más citas: una breve del grandioso Johan Cruyff y otra un poco más
larga del entrenador argentino César Luis Menotti.
“En el fútbol
de hoy falta mucha información. Mucha gente vive de él, pero solo se preocupan
del dinero, no del deportista”.
“Este es un
momento confuso para el fútbol porque el gran negocio está confundiendo los
valores y no solo en el fútbol, sino en otras actividades que tienen que ver
con el sentimiento de la gente, como la música o el teatro, por ejemplo. Las
urgencias del negocio devoran los tiempos del fútbol. Todo tiene que ser ahora.
Los entrenadores no enseñan y los jugadores cada vez saben menos de fútbol y
tienen menos compromiso con el significado de su profesión y más vinculación
con el éxito que les proponen. Los jugadores, en general, viven el fútbol
desde la posibilidad de éxito, del dinero y de la fama, y no desde el amor al
juego y a la pelota".
Y ahora, para seguir analizando el asunto del estado físico de los
futbolistas… Maradona y una anécdota jugosísima: cuenta el preparador físico
argentino Fernando Signorini que fue precisamente él, su compatriota, el
grandioso Diego Armando Maradona, quien hizo que se cuestionara todo lo que tenía
que ver con su profesión. Signorini sometió al jugador al llamado test de
Cooper para medir su estado físico y, dado que los tiempos de Diego Armando no
eran demasiado buenos, le dijo “yo hago mejor tiempo que vos”, a lo que
Maradona contestó: “ah, ¿sí?, entonces jugá vos el domingo”.
Ángel Cappa mantiene una interesante conversación con Signorini y, en un
momento determinado, hablando del gran protagonista del auténtico fútbol, la
pelota, afirma que “este fútbol del que estamos hablando, el que podríamos
llamar fútbol de mercado, tiene una gran olvidada, la pelota; hay
periodistas que incluso elogian a los equipos que juegan a no jugar y que dicen
estar más cómodos sin la pelota; no dejan de asombrarme, es como si ensalzaran
que un nadador se siente mejor fuera del agua”.
Por su parte Signorini, en ese mismo diálogo, concretamente en el epígrafe titulado
‘Todo es medible menos el talento’, opina que “el fútbol de mercado
le quita sensibilidad al jugador, y el fútbol está indisolublemente ligado
a la sensibilidad”. Ángel Cappa sintetiza que “para el fútbol, igual que
para el arte, para la música, hacen falta sensibilidad y conocimiento”. Algo
parecido opina Signorini, para quien el fútbol es una expresión ligada
fundamentalmente al arte, en absoluto al negocio. A lo que Ángel Cappa asiente:
“opino lo mismo”. Yo no: el fútbol es un arte, y como casi todo lo que es arte
es objeto del negocio humano. ¿Debe serlo? Esa es otra cuestión.
Cuando los dos charlan sobre los entrenadores, Cappa se hace una
pregunta: ¿no tuvieron tiempo de entrenar cuando hacen todos esos gestos? “¿Por
qué no les hacen caso? Yo creo que en realidad lo hacen para el periodismo: no
es otra cosa que un despropósito de la modernidad”. Signorini considera que los
entrenadores sobreactúan de esa manera durante los partidos porque “tienen
que parecer imprescindibles y además dar a entender que lo tienen todo
controlado, es una manera de aparentar que son ellos los que mandan, los
que piensan, los que deciden, aunque en realidad, en la cancha, los que
deciden son los jugadores: por suerte todavía es así”. Por suerte, redondeo
yo.
Un entrenador español, Arsenio Iglesias, proclamaba que el fútbol
es orden y talento. Y Cappa subraya: “nada más, y nada menos, porque eso
encierra todo”.
Los daños colaterales
A lo que podrían llamarse los daños colaterales que causa la
mercantilización capitalista del fútbol se le dedican en el libro 25 páginas. Y
esos daños colaterales son “la discriminación de la mujer, la explotación
infantil, el dopaje y las apuestas ilegales”.
Desde luego, no cabe duda de que este es esta es una obra contra el llamado
fútbol moderno.
Y dejo ya esta reseña con otras tres citas, las dos últimas habituales en
los libros sobre fútbol.
“Los
chavales ya no quieren ser futbolistas, quieren ser Cristiano Ronaldo”. Íñigo
Arza (socio y director deportivo del Ceares, un club de Gijón)
“Después de
muchos años en que el mundo me ha permitido variadas experiencias, lo que más sé,
a la larga, acerca de la moral y de las obligaciones de los hombres se lo debo
al fútbol”.
Albert Camus
“El fútbol es el reino de la lealtad al aire libre”.
Antonio Gramsci
[Pocos días después de escribir esto, quien fuera compañero de Ángel Cappa en tantas batallas futbolísticas, Jorge Valdano, escribía en El País que en la actualidad, al fútbol, “la globalización lo uniformiza, el negocio lo exprime y la tecnología lo invade”, pero… “al fútbol aún le quedan rasgos humanos”. TODAVÍA.]
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