Feudalismo es la palabra. En los tiempos de sacros
emperadores y papas civiles, nace la madre del régimen señorial y los
monasterios preservan la cultura occidental. Estamental la sociedad violenta de aquellos siglos católicos, Europa,
que va a Oriente, al más próximo, con
sus Cruzadas divinas y tan fracasadas, crece en tierras y crece en gente,
ignorante de sí misma. Ciudades y gremios en un mundo inmensamente rural aún
donde las monarquías caminan hacia la recuperación de algo que había
desaparecido tras la caída del Imperio romano, el Estado (al que le falta la nación para ser el futuro que es
desde hace algún siglo).
Un auge económico coincide con el desenvolvimiento de las lenguas salidas del latín y con los siglos XI al XIII.
Y a
estas alturas, ¿qué es el pasado, el presente de los seres humanos? ¿Hay un
hilo conductor? El trauma, el poder, el progreso, la lucha de clases han sido
esos hilos pero cada vez hay más consenso en considerar que la historia es un ten
con ten entre la continuidad y el cambio, e incluso, tal vez, un mero
flujo inexplicable.
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