La novena novela del escritor argentino Patricio Pron se titula La naturaleza secreta de las cosas de este mundo y fue publicada en otoño de 2023. Es extraordinaria, lo dejo dicho. Es un libro resplandeciente, difícil y brevemente enorme.
[…]
Es esta una novela sobre la gravedad de la ausencia. Y sobre más
asuntos. Sigo…
Pron, como el Gran Ausente que es uno de los protagonistas principales de
su novela, pinta retratos del tiempo, escribe aquí retratos que
nos hablan “de la acción del tiempo sobre las cosas” y sobre nosotros
mismos.
Hay en La naturaleza secreta… una reflexión muy elaborada sobre
el arte, sobre el mundo del arte, especialmente sobre el mercado del
arte, “que es lo mismo que decir sobre la historia del arte”. La obra
artística de los últimos ciento y pico de años ha sido “escasez y tiempo”. En
la novela, la obra artística de uno de sus personajes, toda su obra, está
dedicada a explicitar que “todo sigue sucediendo en los sitios donde tuvo
lugar”.
[…]
La novela de Pron es también una reflexión plasmada literariamente sobre
el tiempo, también sobre el tiempo. Sobre el tiempo cuando se emancipa de
nuestro control “y nos deja de lado”.
En la página 71 el autor nos da una lección de literatura, una
lección que yo llevaba esperando desde la primera de sus páginas
deliberadamente difíciles de leer, exigentes y talentosas, eso sí. Una lección
que creo entender que responde a una polémica que surgió en las redes sociales,
dónde si no, respecto de alguna de las páginas de un libro anterior de Pron:
“las repeticiones, las homofonías, las rimas internas constituyen la esencia
misma de la literatura”, que es “parecerse al flujo mismo de nuestro pensamiento”.
Y “se inscriben en nuestra memoria como un murmullo insistente que escuchamos
sin reparar del todo en él mientras los textos parecen hablarnos de otras
cosas”. Como escribe Patricio Pron, vaya.
Lo dice el narrador, lo escribe Pron:
“La indeterminación y el doblez son
parte de la naturaleza secreta de las cosas de este mundo”.
Porque la novela, al fin, es un estudio escrito a la manera de una
narración, y es una auténtica y completa narración, una ficción (excelente,
insisto), sobre aquello que es además su propio título. No es uno de esos
ensayos que innecesariamente alguien convierte en la apariencia de una novela
cuya ficción no es más que un ensayo sin seres humanos.
Esa naturaleza secreta de las cosas de este mundo se manifiesta en una
“zona ambigua en la que solemos pensar que existen las cosas que hemos hecho y
vivido sólo a través de los relatos breves y las novelas y los filmes y las
obras de teatro, una zona presidida por una intensidad mayor que la de lo
real”.
Esa naturaleza secreta de las cosas de este mundo, que “carecen de orden y
de sentido”, excepto en el dolor que sufrimos y llevamos con nosotros para
alejarnos de los demás.
Son los protagonistas de la novela unos personajes presos (es un
decir) del síndrome de Stendhal, capaces de verse destruidos
contemplando la belleza o produciéndola.
Huir, y en la huida seguir sin tener confianza en “la existencia de algo
parecido al sentido de las cosas”, pero, a cambio, reconciliarse con el vacío y
con la paradójica plenitud que viene con él”. ¿Apartarse es huir? Huir
es… irse. Aunque lo que uno crea que hace es apartarse. Es dejar solos a otros.
Por más que Edward, uno de los protagonistas, y con él quien nos narra su
peripecia tan peripatética, trata de convencernos de que es otra cosa.
Apartarse, dice.
“Al marcharse para averiguar si era
otra cosa se había convertido en esa otra cosa”.
[…]
Si necesitamos conocer la naturaleza secreta de las cosas de este mundo,
vuelvo al asunto, “es porque sentimos una necesidad irreprimible de consuelo”.
No sé si llamar felicidad a lo que los dos protagonistas de
la novela, hija y padre, hacen referencia en las respectivas narraciones en las
que se divide el libro: vivir en “un mundo en el que todo es perfecto e
inmutable y cada cosa tiene un sitio asignado”, excepto uno mismo, “que puede
deambular por él a su antojo”. Para alcanzar la felicidad puede bastar con
reconocerla en el alivio extraordinario que produce “no tener que aferrarse ya
a las viejas ideas y a los cálculos” que permiten seguir viviendo como solemos
hacer.
Claro que, hablando de felicidad, hablando de esa naturaleza secreta de las
cosas de este mundo, uno de los personajes del libro, madre de uno de los
protagonistas y esposa del otro, le dice a este último: “si llegásemos a
conocer cómo son las cosas en realidad y cuál es su causa, sólo sentiríamos
dolor y pena”.
Finalmente, uno acaba por enterarse de que los protagonistas de La
naturaleza secreta… carecen de certezas, salvo esas que son del tipo de que
“los zorros no tienen pañuelos”.
Saber “desertar de la causa del yo”. Sobre eso va la novela. Lo dice
en el epílogo el propio Patricio Pron. Quedas avisado. Y expuesto.
[En ese epílogo, el autor asegura que el verdadero epílogo de la historia
que se cuenta en el libro se puede leer en su propio blog, patricipron.com, y
se titula ‘Sallie Ellen Ionesco’. Yo lo he leído, no te lo recomiendo hacerlo.
Deja que La naturaleza secreta de las cosas de este mundo finalice como
lo hace el libro impreso. Es mi consejo.]
Este texto pertenece a
mi artículo ‘Intentando comprender el mundo con la literatura de Patricio
Pron’, publicado el 7 de noviembre de 2023 en Letras 21, que puedes
leer completo EN ESTE
ENLACE.
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