Todos los años que ha tardado Cormac McCarthy en publicar una novela que sus editores quieren hacer pasar por dos novelas. El pasajero/Stella Maris es la decimoprimera novela suya. Aparecida en 2022, dieciséis años después de la anterior, la obra maestra que es La carretera.
[…]
No sé
exactamente qué es lo que acabo de leer en sus más de 600 páginas brutales y
brumosamente hermosas, palabras de McCarthy sobre el profundo y eterno dolor de
los seres vivos atónitos y enfermos de vida. Los personajes salvajemente
civilizados de las novelas de un estadounidense de Tennessee, que me miran
desde la profunda oscuridad del libro cerrado para siempre.
He de dar
las gracias a la sensacional traducción a mi idioma que lleva a cabo Luis
Murillo Fort. Menos mal. Si no, nunca habría podido sobrevivir al bello helor
estremecido de The Passenger/Stella Maris. Un tenebroso esplendor sobre
la locura y el poder del amor, el poder siniestro del amor, el poder conmovedor
del amor.
“El
mundo, en su ser más profundo, está cimentado en la aflicción de sus criaturas”.
No está mal
como principio, ¿verdad? ¡Bienvenidos a Cormac McCarthy!
[…]
Es inevitable
sentirse fascinado por la filosofía vital de uno de los muy peculiares personajes
de la novela, aquel que dice tener pocas exigencias:
“Trata de estar
un poco por delante de la curva. Intenta mantener a raya los misterios más
comunes. No mires a la suerte a la cara”.
El mismo
personaje, Long John, al que le oímos exclamar “¡extraño lugar, el mundo”!
El
protagonista de El pasajero/Stella Maris (concretamente de la primera
parte: El pasajero), Bobby Western, dice de sí mismo:
“A mí todo
me resulta doloroso. Eso creo. Tal vez. Simplemente soy una persona que se
duele”.
Su abuela
(en efecto, los personajes de McCarthy son unos redomados pensadores de altos
vuelos de andar por casa) afirma que siempre ha pensado que “estuvo bien que
Dios no nos permita ver el futuro”.
[…]
El
pasajero/Stella Maris es un
poderoso enigma literario subversivo, atrevido e inteligente.
“El
abismo del pasado en el que el mundo se precipita. Todo evaporándose como si
jamás hubiera existido”.
Saber que
“hay más sabiduría en la tristeza que en la alegría”, que “son los días los que
transitan por nosotros, no al revés, hasta la última y cruel vuelta de
manivela”.
De lo único
que uno no puede escapar es de sí mismo, como afirma el personaje tan locuaz
del que ya hablé más atrás, Long John, singular amigo del protagonista, a quien
se refiere como “ese estar al borde de la intangible oscuridad”.
Long John, quien
incluso muerto le dice a Western algo que es la esencia de la primera parte de
la novela (El pasajero): “toda realidad es pérdida y toda pérdida
es eterna”. Porque “nosotros somos diez por ciento biología y noventa por
ciento rumor nocturno”.
“Qué
gloriosa canción de ocaso que es esta novela. Es rica y extraña, volátil y
melancólica. McCarthy empezó como el laureado del destino manifiesto de
América, tejiendo sus duros relatos sobre voraces hombres blancos. Acaba su
viaje, tal vez, como el enterrador amargado de la era. Venid amistosas bombas.
Venid crecientes océanos. El mundo antiguo está muriendo y probablemente no
antes de tiempo, y El pasajero se cuela para apagar todas las luces”.
Tal como
escribiera Xan Brooks en The Guardian.
Llegados a
la segunda parte, Stella Maris, sólo puedo decir que es la larguísima
conversación en sucesivos días entre la hermana del protagonista de El
pasajero (personaje esencial ella misma de esa primera parte) con un
psiquiatra del centro donde se ha recluido. Nada más y nada menos. Un exagerado
festín ensayístico que pretende acercarnos a la mente extremadamente
inteligente (y sinestésica) de Alicia Western, trastornada y trastornante (“es
posible que el amor también sea un trastorno mental”). Lo pretende… y lo logra,
porque esa es la magia de la literatura que sólo genios como Cormac McCarthy
son capaces de ejercer.
“Nadie sabe lo que es la vida”.
Alicia sabe
que “bajo la superficie del mundo hay un apenas disimulado horror, y siempre lo
ha habido”, que “bajo el meollo de la realidad subyace un profundo y eterno
demonium”.
Y todo únicamente
para querer rezar y así “poder ver la verdad del mundo antes de morir”.
Stella Maris es un ensayo sobre la locura, los sueños y la
realidad atormentada. Stella Maris es (parte de) una novela sobre
la locura, los sueños y la realidad atormentada.
Este texto pertenece a mi artículo ‘Cormac McCarthy
regresa ciclópeo con El pasajero/Stella Maris’, publicado el 15 de diciembre
de 2022 en Nueva Tribuna, que puedes leer completo EN
ESTE ENLACE.
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