En el año 2012, el escritor español Javier Cercas publicó su extraordinaria novela Las leyes de la frontera. Sobre ella yo escribí en una ocasión que es “un excelente escaparate donde contemplar unos años muy característicos del siglo XX con su perfil urbano de navaja y billares que algunos como yo intuimos de alguna manera por habernos criado en un barrio-barrio durante los años de la Transición”.
Un tiempo más tarde, Jorge Guerricaechevarría y Daniel Monzón escribieron
el guion de la película homónima estrenada nueve años después y dirigida por
este último.
En el año del estreno de la película, este año 2021, yo he publicado mi
quinto libro, La música (pop) y nosotros, y en él se puede leer lo
siguiente:
“Tere le dice
al protagonista de la maravillosa Las leyes de la frontera de Javier
Cercas: ‘No se puede vivir sin música, Gafitas’.”
Pues bien, en el film de Monzón, la música suena, sí, pero la música casi no importa (del grupo actual Derby Motoreta's Burrito Kachimba es mucha de la que se escucha), y Tere no le dice al Gafitas aquella poderosa frase. Claro que si sólo fuera eso en lo que la película no le llega a la altura del betún a la novela…
Las más de dos horas de duración del film (129 minutos, nada más y nada
menos) fotografiadas con arte por Carles Gusi e interpretadas sin excesivo
acierto general por Marcos Ruiz, Begoña Vargas, Chechu Salgado, Carlos Oviedo,
Daniel Ibañez, Guillermo Lasheras, Santiago Molero, entre otros (de los que si
acaso cabe destacar el fiero magnetismo femenino de Vargas), se me hicieron no
ya largas sino algo tediosas, alejadas de las enormes expectativas que esa
adaptación de la novela de Cercas había generado en mí desde que tuve
conocimiento de ella. Aunque creo que no sólo es la comparación lo que me hace
deprimente su fracasado disfrute, sino toda ella y su factura mediocre, de poca
monta, con un guion sin peso, con poca alma, con personajes vacíos o
acartonados, pese a tener eso sí un ritmo bastante entretenido y tenso.
Lo asombroso es leer ahora las críticas tan ensalzadoras que se escribieron sobre ella, leerlas tras asistir a la contemplación de un largometraje tan poco consistente que maltrata la obra de arte literario en que se basa sin aportarla nada en absoluto, más allá de su pretensión de retratar una época (el comienzo de la Transición y la marginalidad violenta que agitó las calles de las ciudades españolas) y ser una historia de amor encontradizo, de desamor banal, sin poesía cinematográfica. Críticas como las que siguen…
"Marcos
Ruiz, Begoña Vargas y Chechu Salgado, voces y miradas preciosas, son dulces
reflejos de una época que ya solo se puede representar en una película
romántica, intensa y bonita como esta". Javier Ocaña (El País)
"Una
película bella construida sobre los escombros de una historia de amor". Luis
Martínez (El Mundo)
"Monzón estiliza el subgénero y adapta con brillantez la novela de Javier Cercas, en una película nada literaria. Un retrato magnífico, una mirada nueva (...) a unos años de los que ya abusó el cine quinqui”. Federico Marín Bellón (ABC)
"Monzón restituye las señas de identidad del cine 'quinqui' aplicándola a los tiempos actuales: acción y una suerte de realismo social cobijado bajo el espectro de una sólida muestra de cine popular”. Quim Casas (El Periódico)
"Se inscribe con honores en la tradición de aquel cine quinqui que, de la Loma a De la Iglesia, amamos 'locamenti'. Para empezar haciendo palmas, y acabar nostálgicos ‘perdíos’”. Philipp Engel (Cinemanía)
"Soberbia adaptación (...) maravillosa Begoña Vargas (....) un viaje por la nostalgia setentera y la nostalgia de cuando en el otro lado existía un jardín prohibido que Monzón convierte en western urbano”. Fausto Fernández (Fotogramas)
"La originalidad y la audacia no son los puntos fuertes de la cinta. A cambio, nos ofrece un viaje en el que no faltan los atractivos y cuyo punto fuerte se encuentra en un reparto lleno de prometedoras caras nuevas". Cristóbal Soage (Cineuropa)
¡Cómo son las miradas de cada cual!, ¿verdad? Una película bonita,
una película bella, con dulces reflejos de una época, un
retrato magnífico, una brillante y soberbia adaptación de la novela en
que se basa, una sólida muestra de cine popular, una obra de realismo
social, un western urbano que conmueve hacia la nostalgia
aportando prometedoras caras nuevas.
En una cosa tiene razón alguno de los críticos cinematográficos profesionales (no como yo), en que no es una película literaria, y al no serlo se despreocupa de las virtudes intraducibles al cine que la novela de Javier Cercas muestra continuamente y Monzón ni roza. En otra también puede que la tengan, en eso que dice Fausto Fernández de que Begoña Vargas está maravillosa. Y por supuesto, estoy con Soage cuando sentencia que ni la originalidad ni la audacia destacan en la película de Monzón, en la peculiar manera de recuperar el llamado cine quinqui de Monzón.
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