¡Qué sinceridad artística transpira La casa, de Paco Roca! Todavía deslumbrado por la calidad emocional, artística, de este cómic
(yo a los cómics los sigo llamando tebeos, nunca, eso no, novelas gráficas),
leo el epílogo, que es un prólogo pero que como va al final (mucho mejor ahí)
de este libro magnífico es y así lo llaman un epílogo, el epílogo, sigo, del
escritor Fernando Marías y de pronto se me quitan las ganas de escribir nada
sobre La casa. Prefiero contarte lo que Marías dice que le ha parecido
la visión de estas viñetas. Lo que él ha visto en esas planchas tan bien
ideadas, tan precisas en su dibujo y en su acomodo literario a la entidad
artística del llamado octavo arte.
“Paco Roca ha hecho un libro a partir de los sentimientos generados por
la muerte de su padre”.
Si en la literatura la muerte del padre es “un tema mayor”, en el tebeo
de Roca, “el padre muerto camina junto al hijo que rememora y narra”.
La casa está hecha también de silencios. Es una obra artística “llena de amor y
verdad”, dotada de un impresionante “impacto emocional” nacido de “la apacible
comparecencia de los espectros del pasado” gracias al ejercicio de “la memoria
de lo que importa”.
“A medida que envejezco siento que el único tema de la literatura, y
probablemente de todo lo demás, es el paso del tiempo”.
Yo también. Y, como Fernando Marías, considero que La casa es “el
libro que ha permitido a Paco Roca dibujar el tiempo que se va, que se fue, o
que se irá”.
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