Dejando a un lado los orígenes míticos que la relacionan con la
reina Dido, enamorada del héroe troyano Eneas, Cartago fue fundada
como la factoría comercial más importante del Mediterráneo occidental por la
ciudad fenicia de Tiro a finales del siglo IX a.C. Situada en las inmediaciones
de la actual Túnez, Cartago iba a representar a lo largo del siglo III a.C. uno
de los mayores peligros a los que Roma debía hacer frente. Logró convertirse en
una gran potencia con un vasto imperio que se extendía por Baleares, Cerdeña,
gran parte de Sicilia y el sur de la península Ibérica, gracias a su
inmejorable posición geoestratégica, a su puerto, a su flota de guerra
permanente y a su ejército profesional.
Desde
el siglo VII a.C., cartagineses, griegos y etruscos habían entrado en una
dinámica de disputas políticas y comerciales motivada por el dominio efectivo
del Mediterráneo. Esta situación condujo al entendimiento entre cartagineses y
etruscos frente a los griegos. Una batalla en aguas de Alalia (Ajaccio,
en Córcega), en la que se enfrentaron una flota etrusco-púnica con otra griega,
decidió en el 540 a.C. los diferentes ámbitos de influencia de las tres
potencias en el Mediterráneo.
Con
el declive etrusco, Cartago necesitaba un nuevo aliado que pudiese
contrarrestar el poder de la colonia griega de Siracusa en el Mediterráneo
occidental. Este nuevo aliado no sería sino Roma, pues la amenaza siracusana
afectaba a los intereses romanos en el Lacio y en
Campania. De esta manera, Cartago y Roma firmaron sucesivos tratados en los
años 509 a.C., 348 a.C. y 343 a.C., con los que la primera mantenía bajo su
control su zona marítima a cambio de reconocer los propósitos de la segunda
sobre el Lacio.
Como
hemos tenido ocasión de comprobar, a comienzos del siglo III a.C., Roma,
tras convertirse en la dueña y señora del centro de la península Itálica, se
enfrentó a Tarento, la más poderosa de las ciudades griegas del sur de la
península Itálica, que solicitó el apoyo de Pirro, rey del Epiro.
Éste, pretendía crear un imperio occidental griego contra los intereses romanos
y cartagineses, razón por la que en el 279 a.C. romanos y cartagineses firmaron
un nuevo acuerdo. Derrotado Pirro en el 275 a.C., Roma se hizo con la hegemonía
de todo el territorio italiano. No obstante, y con esta realidad, Cartago y
Roma entraban en inmediata vecindad y, con ello, en un posible choque de
intereses que, de hecho, comenzaría en el año 264 a.C.
[Así comienza ESTE ARTÍCULO, que APARECIÓ EN ANATOMÍA DE LA HISTORIA POR VEZ PRIMERA EL 7 de diciembre
de 2015 y puedes leerlo completo AQUÍ]
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