Yo conocí a Eduardo Laporte en Facebook, “esa vitrina loca y viva de gente”, ahora, tras este
libro y su presentación madrileña de enero de 2018, le conozco también en
persona (como ya dije).
Tal vez Diarios,
2015-2016 sirva “para restar tristeza a la esquina más triste”. Tal vez.
Como tal vez sea “la infancia lo más puro y verdadero”.
Vuelve la política, esa que hace que exista quien pueda
ser políticamente del Madrid:
“Si una conducta moral destila resentimiento en quien la practica [se coló una erratilla, señor editor: ya sé que las erratas no existen, señor editor: se imprimió práctica], quizá vaya siendo hora de revisar ese código ético.
Es esta obrita (obrita
porque es una obra de tamaño reducido) a la que llaman él y su editor diarios
constituye ¿sí? unos diarios que “no tienen vocación de sumario de
instrucción”, no buscan ser verdaderos pues “lo suyo es que sean auténticos”. Bravo. ¿No es eso lo que pretende
la literatura, ser auténtica? Algo con lo que una parte de ella, a la que llamamos
Historia, no se conforma, la autenticidad, y persigue, desesperadamente, la
verdad.
Echo en falta algo en el libro de Laporte. Suenan pocas canciones en él. Pero, al
menos, se escucha la maravillosa All I
Have To Do Is Dream, de los Everly Brothers.
Y, para acabar, la gran perla (dos):
“Al final, todo se reduce a eso. Ubicarse en el punto justo entre la desidia y el estrés.”
ESTE TEXTO es parte de mi artículo para Periodistas en Español titulado Yo no leo diarios (pero he leído los de Eduardo Laporte), que puedes leer completo AQUÍ.
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