A quien corresponda:
La construcción de la nación catalana es una evidencia.
Quien lo niegue, se engaña a sí mismo. Pero también hay que reconocer que el
sentimiento nacional es algo subjetivo y que lo identitario implica un
componente emocional. No es una realidad objetiva. Y eso vale tanto para la
nación catalana, la flamenca, la escocesa, la española, la italiana, la
francesa...
Del mismo modo, es evidente que dentro de la nación catalana
no entran todos los ciudadanos catalanes. Según las encuestas caben tantos
dentro de esa construcción como los que prefieren permanece fuera. Por tanto,
confundir territorio con nación es un error, como lo es identificar Estado con
nación. Y llevarlo hasta sus últimas consecuencias supone imponer por la fuerza
ese sentimiento al resto. Me gusta comparar los sentimientos nacionalistas con
los religiosos. La fe no se impone. Se tiene o se carece.
Los estados son entes jurídicos y políticos que proporcionan
derechos e implican deberes. Y deben ser viables. Suponen algo tan serio que no
se pueden reducir a un mero ejercicio emocional, sea cual sea el sentimiento
nacional que se tenga. No es necesario para ello sacar a relucir orgullos
patrios, de uno u otro signo. Basta con ser buen ciudadano y aceptar la
diversidad, para garantizar la convivencia. Y cumplir las leyes. Y si no
sirven, se cambian, pero no se saltan. Pero la solución está en la Política,
con mayúsculas.
Creo que no es tan difícil de entender. De veras.
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